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HACKNEY DIAMONDS (The Rolling Stones, 2023)
Artista: The Rolling Stones (A)
Fecha de Grabación: Febrero 2019-Enero 2023
Fecha de Lanzamiento: 120 de Octubre del 2023. UK
Discográfica: Polydor
Productor: The Glimmer Twins, Don Was y Andre Watt
Calificación: 8
Era: Blues, Hard Rocky Raíces
Subgénero: La Gran Transición
Mejor Canción: Seet Sounds Of Heaven o Angry
Canciones:1) Angry; 2) Get Close; 3) Depending On You; 4) Bite My Head Off; 5) Whole New World; 6) Dreamy Skies; 7) Mess It Up; 8) Live By The Sword; 9) Driving Me Too Hard; 10) Tell Me Straight; 11) Sweet Sonds Of Heaven (Feat. Lady Gaga); 12) Rolling Stone Blues.
El Hackney Diamonds del 2023, llegó después de 18 años sin un álbum de estudio con material original de Sus Satánicas Majestades, tomando en cuenta A Bigger Bang del 2005. En medio quedó Blue & Lonesome (2016), un regreso a las raíces bluseras que funcionó como recordatorio de las raíces musicales de la banda, pero que difícilmente podemos considerado como parte del catálogo del grupo. Aquí los Stones vuelven a las composiciones propias y lo hacen con una producción moderna (quizá demasiado), una lista de invitados que parecía improbable y, sobre todo, unas pelotas que ya quisieran bandas 40 años más jóvenes.
Me parece admirable en que los Rolling Stones sigan publicando discos de estudio después de más de seis décadas de carrera. No porque Mick, Keith y Ronnie todavía tengan algo que demostrar, ni porque debamos celebrar con bombo y platillo cualquier lanzamiento de una banda legendaria como si estuviéramos frente a un acontecimiento histórico, sino porque el simple hecho de que todavía tengan ganas de hacer Rock and Roll merece reconocimiento. Sobre todo en una época en la que el género ha perdido el protagonismo que tuvo para convertirse en nicho. Hace ya 10 años los vi en el Olé Tour, y todo mundo juraba que sería su última gira. Pero bueno, eso se viene diciendo desde 1972…
Les voy a ser sincero, mi idea era reseñar el Foreign Tongues, siendo un disco de este 2026. Peeeero, creo que el disco es una especie de hermano gemelo más afilado del Hackney Diamonds, y vale la pena empezar por éste, ya que se complementan en muchos sentidos (y en cierta forma con varias cosas que comenté en el Boys Of Dungeon Lane de Paul). No se preocupen, no tendrán que esperar mucho para el Foreign Tongues.
Tras el Blue and Lonesome del 2016, que trae puros covers de Blues, los Stones habían estado masticando la idea de un nuevo disco con temas originales, pero las sesiones nomás no cuajaban. En 2020 intentaron darle más formalidad, pero se les atravesó la pandemia. En 2021 volvieron a intentar retomar el trabajo, y de aquí fue donde quedaron los tracks de batería de Charlie, pero nuevamente no quedó nada en concreto. En 2022, Paul McCartney les sugirió trabajar con Andrew Watt como productor (una vendetta por la recomendación de Allen Klein?, jajaja), quien finalmente los puso a trabajar en serio a inicios del 2023. Y la consistencia del disco quizá venga de años de canciones acumuladas, de las que se pudieron dar el lujo de seleccionar las mejores, además de darse el tiempo de arreglarlas sin prisas.
Con el último disco de McCartney, comentaba que es difícil reseñar discos recién salidos del horno. En este caso, ya ha pasado algún tiempo, pero igual no sé qué tan objetivo puedo ser. La cosa es que me gusta, y ha ido creciendo con las escuchas. Al igual que Paul, creo que los Stones tuvieron un bajón dramático desde el Tatoo You del ’81, del que no saldrían hasta el Vodoo Lounge, que a mi me parece un discazo, y en Bridges to Babylon. En el Bigger Band ya sonaban más como una copia de sí mismos. Aquí creo que retoman la energía y espontaneidad. Sí, por momentos también parece que se esfuerzan un poco en sonar a sí mismos, y parece que Andrew Watt los empuja a la vez a sonar modernos, pero en general, creo que no sonaban tan bien dese el ’97 o ‘94.
Y al igual que con Paul, es difícil saber si los estás comparando contra sí mismos o contra esa especie de vacío en el Rock actual. En cualquier caso, es una bocanada de aire fresco escuchar esas guitarras chisporroteantes y esa actitud pateatraseros que hace tanto no se les sentía. Y lo sorprendente es que no tuvimos que esperar otros 18 años a que los Glimmer Twins tuvieran casi 100 para sacar otro álbum!
Escuchándolo junto al Foreign Tongues, Hackney Diamonds adquiere otra dimensión. Ambos trabajos pueden entenderse casi como discos gemelos: comparten una personalidad sonora, una producción moderna y la intención de recuperar distintas facetas de la identidad de la banda. Creo que el Foreign Tongues es ligeramente superior, pero los dos pertenecen a la misma etapa creativa, como si estuviéramos escuchando diferentes capítulos de una misma sesión extendida. El Foreign Tongues da una especie de continuidad en cuanto al sonido, estilo y producción, pero ya hablaremos de él.
Por otro lado, es el primer disco sin Charlie Watts, que murió el martes 24 de Agosto del 2021, a los 80 años. Charlie ya había abandonado la gira por problemas de salud (la primera vez que se perdía conciertos de los Stones desde 1963), dejando de reemplazo al batería Steve Jordan, que era parte del grupo solista de Keith, y en quien Charlie confiaba para tocar en vivo mientras se recuperaba. El caso, es que desgraciadamente, no lo hizo. No se dio a conocer la razón oficial de su muerte. Al enterarme de la noticia recuerdo que sentí un mazazo. Charlie no acaparaba reflectores, pero fue parte vital del sonido de los Stones, y de inmediato numerosos bateristas y bandas lo reconocieron como uno de los grandes, de ésos cuya firma es “menos es más”. Alguien dijo (aunque es una frase vieja) que admiraba a Watts porque era el único baterista del mundo capaz de mantener en control a Keith Richards. Los viejos dioses se están muriendo…
Steve Jordan se mantendría al mando de las baquetas en las sesiones de este disco, pero sin ser un Stone oficial, igual que Darryl Jones en el bajo desde 1994. La banda usaría grabaciones de Charlie para un par de pistas a manera de tributo. En una de ellas, también regresa Bill Wyman, por lo que, por un breve instante, tenemos a la alineación de cuarteto de los Rolling Stones de 1969, antes de que se incorporara Mick Taylor. Pero también tienen otros flamantes invitados en el álbum: Elton John, Stevie Wonder, Lady Gaga y el mismísimo Paul McCartney!
El resultado es un buen disco de rock, con varios momentos sobresalientes y algunos temas menos memorables. Sin embargo, poniendo las cosas en perspectiva, estamos hablando de una agrupación que durante los 60’s y 70’s publicó algunos de los álbumes más importantes de la historia del rock y que todavía en los 90’s consiguió entregar trabajos muy sólidos y acordes a la época. A esa altura de su carrera, los Stones aún podían combinar oficio, personalidad y cierta ambición por explorar nuevos caminos. Hackney Diamonds no alcanza ese nivel, pero tampoco es un producto que viva exclusivamente de la reputación del grupo. Es un trabajo que quizá brilla más por el tiempo en que sale. No es una joya como muchas reseñas lo llaman, pero no es malo en absoluto.
De hecho, lo mejor del álbum es que suena a una banda de rock que todavía quiere tocar rock. Hay riffs, baterías contundentes, guitarras chisporroteantes que se responden unas a otras y un Mick Jagger que no sé de dónde saca tanta energía (De Keith sí que sabemos – blink blink). No suenan a una banda cansada con el compromiso de lanzar un disco como el Dirty Works o Steel Wheels. Tampoco estamos ante un nuevo Sticky Fingers ni ante una obra que vaya a cambiar un ápice el status de los Stones, pero sí ante un disco que nos recuerda por qué los Stones han sobrevivido tanto tiempo llamándose La Banda de Rock Más Grande Del Mundo sin que nadie se los reclame.
El disco abre con una de las mejores rolas. “Angry” es un tema duro y directo, construido alrededor de un riff con bastante personalidad (aunque con cierta reminiscencia a “Start Me Up”) una base rítmica firme y un estribillo que busca pegarse en la cabeza como chicle con ese remate “Don’t Get Angry With Me!” que todos hemos dicho alguna vez a nuestra media naranja. Los Stones suenan sueltos, en su ambiente, con esa combinación de arrogancia, ritmo y melodía que han sabido explotar por los siglos de los siglos, amén. La interpretación de Jagger tiene el descaro necesario para lucir fresca y con su peculiar dosis de veneno. Por otro lado, la producción de Andrew Watt le da un sonido actual, que no sé si me encanta. Las guitarras chirrían y Ronnie y Keith muestran enorme química con el diálogo que se mandan, además de un buen solo al minuto 2, que va creciendo con los coros para un cierre apoteósico. La rola sería el sencillo punta de lanza, y cumplió su cometido creando bastantes expectativas. No es una de sus composiciones históricas, pero sí una manera muy enérgica de arrancar el álbum. El video, por cierto, es una joya, por diversas razones.
“Get Close” es un tema más melódico, una especie de balada a medio tiempo con una interpretación vocal que conserva el carácter provocador de Mick. Aquí tenemos a Elton John al piano, añadiendo movimiento y una dosis de boogie que encaja bien con la canción, aunque me parece demasiado discreto y desperdiciado. La conexión surgió porque Watt también le estaba produciendo disco a Elton y pues una cosa llevó a la otra y así. La canción es agradable, melódica, sin explotar del todo, y tiene un solo de sax que también parece un guiño a Bobby Keys, eterno saxofonista de los Stones que murió en 2014.
Después de la energía inicial viene “Depending on You”. Ésta ya es una balada en forma, una canción de desamor con una estructura simple, e incluso un poco melosa. Jagger logra mostrar una vulnerabilidad distinta de su habitual arrogancia rockera. Entran pianos, slides, órganos, y va en un lento crescendo, hasta terminar con arreglos de cuerdas y coros de voces. El estribillo es lindo. Recuerda que los Stones nunca fueron únicamente una banda de riffs y actitud sino que han sabido incorporar baladas, country, soul y otros estilos. Sin embargo, la canción tampoco termina de alcanzar el nivel de sus mejores composiciones lentas. Pareciera que quisieran rehacer “You Can’t Always Get”. Es agradable y está bien construida, aunque su melodía no tiene la fuerza suficiente para ponerla entre los puntos fuertes del álbum.
Ahora vienen los Stones más deslenguados y descarados. “Bite My Head Off” es una descarga de punk rock con una actitud deliberadamente insolente y una base instrumental que parece diseñada para sonar a todo volumen. No soy fan de sus temas Punk, pero el riff es sencillo y fuerte, la interpretación es agresiva y la canción encuentra su mayor virtud en esa sensación de urgencia que atraviesa todo el tema. Además aquí tenemos a Paul McCartney en el bajo, lo que le añade un atractivo histórico. Un Beatle tocando con los Stones. Recuerdo cuando recién murió Charlie que había memes diciendo que a los Stones les faltaba baterista y bajista, y que a los Beatles sólo les quedaba baterista y bajista. Bueno, una colaboración incluyendo a Ringo creo que hubiera sido mucho pedir. Lo importante es que tenemos a McCartney como bajista; y si bien se integra en el sonido de la banda creo también que lo hace discretamente, sin tratar de robar muchos reflectores (El riff no da para más), pero se cuelga un minisolo de bajo con la distorsión a todo al 2:15, recordando de lejos al sonido del bajo en “Think For Yourself”, tras lo cual viene el incisivo solo de Keith. La leyenda dice que en cuanto terminaron la toma, Paul exclamó “I just played fucking bass with the Stones – and I'm a fucking Beatle". En fin, la canción funciona precisamente porque no se preocupa demasiado por la sofisticación. Es una canción divertida, potente y con una actitud que muchas bandas jóvenes podrían envidiar. Si “Angry” abre la puerta, este tema confirma que el disco tiene una buena reserva de combustible, y funciona por ello, no sólo por la participación de Macca.
“Whole Wide World” mantiene el impulso con guitarras incisivas y un ritmo que recuerda la faceta más acelerada de los Stones. Tiene un buen riff, que suena moderno por esa pizca de phaser, me parece. Tiene una estructura que no se complica y un estribillo pegadizo que busca mantener el movimiento. El problema es que, se siente como un “Streets Of Love” con esteroides. La canción me gusta, tiene un solo asesino, mucha melodía, un buen apagón al 2:35, pero sí recuerda mucho la balada del 2005 y empieza a notarse que el álbum tiene una paleta relativamente limitada. De no ser por esto, la marcaría en rojo, pero sigue siendo de los puntos altos.
“Dreamy Skies” es uno de los momentos más tranquilos del disco. La canción se acerca al country y a la tradición acústica rural estadounidense, con una atmósfera relajada y ensoñadora gracias a los dulces slides. Además Mick incorpora la armónica, reforzando esa aura campirana. La pausa tiene sentido, ya lo dice en el mismo estribillo. La atmósfera es agradable, pero la melodía carece del gancho y fuerza necesarios para convertir el tema en una pausa verdaderamente memorable. Salvo los dulces juegos de guitarras, la canción no termina de justificar su duración, de casi 5 minutos, y también se siente como algo que ya escuchamos en el Voodoo Lounge. Se agradece el cambio de tiempo, pero el resultado se siente flojo y termina siendo un tema cansino y excesivamente largo.
Luego viene “Mess It Up”, que recupera el movimiento con una base rítmica más bailable y un aire cercano al funk. La mano de Watt se nota con ese inicio casi en off en que parecieran estar ensayando y el productor les gritara, “ya estamos grabando”, para que entren de lleno en el ritmo. Un tema bailable, que no sé si recuerda demasiado a “Miss You” por ese bajo disco en octavas. La canción tiene además un valor sentimental, pues incluye la batería de Charlie Watts, grabada en las sesiones antes de su muerte en 2021. No es mala, y no suena a los Stones tratando de sonar a los Stones del ’78 con música disco. Suena a que están tratando demasiado en hacer un tema bailable para el público joven del 2023. Imagino que en el ’78 recibirían críticas semejantes y “Miss You” terminó convirtiéndose en un clasicazo infaltable en conciertos, pero, sin ser malo, no me parece que este tema vaya a envejecer tan bien.
“Live By The Sword” es otro de los temas que conectan el presente con el pasado. La batería de Charlie Watts vuelve a aparecer, y ésta vez Bill Wyman, bajista original de la banda, participa en una grabación de los Stones por primera vez en más de 30 años. Elton John aporta nuevamente el piano, con un estilo que encaja perfectamente con el carácter rockero de la canción, y esta vez luciendo un poco más, aunque hubiera sido genial que el solo de guitarra al 1:40 fuera más un diálogo con el piano. Musicalmente, el tema es básicamente un rock and roll clásico, con piano, ritmo marcado y una interpretación vocal que no necesita demasiadas vueltas. No es una joya, pero logra funcionar como uno de los momentos altos de la segunda mitad del disco y la nostalgia juega a favor, al tener a la sección rítmica original de la banda, que se extraña horrores.
“Driving Me Too Hard” es otra canción de medio tiempo que apuesta por la melodía y por una estructura... cómo decirlo? Ah sí: genérica. Tiene ese carácter de rock clásico que los Stones han perfeccionado durante décadas, con un ambiente relajado, estribillo pegajoso, guitarras que resaltan. La cuestión es que, resulta difícil no notar cierta repetición de recursos y no es precisamente memorable, igual en mood a las rolas de relleno del Babylon para acá. En cualquier caso, es un temita competente y disfrutable.
Keith Richards toma el micrófono en “Tell Me Straight”, una balada introspectiva que contrasta con los demás temas rockeros. Su voz áspera y cansada resulta apropiada para un tema que parece mirar hacia el futuro con una mezcla de incertidumbre y resignación. La cosa es que, bueno adoro a Keith, “Happy” es de los puntos fuertes de la discografía entera de los Stones, pero en general, con algunas excepciones (como “Thru and Thru”, las canciones que canta, se sienten todas como baladas lentas de resignación. Y no son muy memorables. Se siente como la rola que los Beatles le daban a Ringo para que cantara: algún relleno inofensivo. En mi opinión, es uno de los puntos más débiles del álbum. La canción tiene una atmósfera interesante, pero no consigue desarrollar una melodía o una progresión que la haga crecer. La voz de Richards tiene personalidad, aunque no basta para convertirla en una composición memorable.
Y entonces llega el gran momento del álbum. “Sweet Sounds of Heaven” es una pieza extensa de 7:22, con bases soul y góspel. Los Stones abandonan por un momento el formato de Rock y se toman su tiempo para construir algo con más desarrollo emocional, en un lento crescendo, que inicia en un diálogo muy mono entre guitarra y piano, a cargo de Stevie Wonder. Mick inicia con personalidad, una melodía lenta y envolvente, hipnótica, mientras la instrumentación va creciendo de a poco. Lady Gaga entra hasta el minuto 2, casi tímidamente, dialogando con el Sr. Jagger. Poco a poco las respuestas de ella se van haciendo más contundentes, hasta que al 2:30 ya están haciendo un duelo épico que no para de crecer. Lady Gaga no se limita a realizar una aparición decorativa, aporta una intensidad que crece conforme avanza el tema. Wonder, por su parte, proporciona una base armónica que ayuda a construir esa atmósfera espiritual al cambiar el piano por el órgano para acentuar el aire góspel. Al 4:22 tenemos un puente instrumental con metales y arreglos de guitarra. Al 5:10 parece que va a acabar, e incluso se escucha a Gaga riendo satisfecha. Pero pareciera que dejan correr las cintas y dicen, no, vamos a palomear un poco más. Wonder deja caer notas del piano eléctrico, y Mick y Lady Gaga retoman ese duelo, hasta que ella termina robándose enteramente la majestuosa coda. Uno pensaría que usaron una colaboración con Gaga para atraer otro tipo de público, pero la canción se siente orgánica y majestuosa, no algo prefabricado. Si, también recuerda a Merry Clayton en “Gimme Shelter”, pero creo que esta vez la remembranza es más que positiva. Jagger demuestra que su voz todavía puede sostener una interpretación apasionada, mientras la banda le da espacio a la canción para crecer sin apresurarla. Este es el momento en el que el álbum alcanza su mayor dimensión musical y emocional, y también una demostración de que los Stones todavía pueden sorprender cuando se permiten salir de su zona más previsible.
El álbum cierra con “Rolling Stone Blues”, una versión de Muddy Waters que regresa directamente a las raíces del grupo. Después de las colaboraciones y de la producción más elaborada de otros temas, la canción ofrece un final más bien austero, con el blues en primer plano y una interpretación que no necesita grandes arreglos. De hecho, es bastante fiel a la versión original de Muddy, incluso con producción algo pantanosa, y Keith haciendo arreglos MUY parecidos, y Mick también impostando esa voz negra, sobre todo en los “well”. Es un guiño al origen de su nombre, o a Brian Jones, quien lo escogió precisamente al ver el título de la canción en un disco cuando iban a dar una entrevista? Creo que la elección para cerrar el álbum es muy simbólica: Terminar el álbum con una versión de este tipo es una manera de cerrar el círculo: después de más de sesenta años, la banda sigue encontrando una razón para volver al lenguaje que los inspiró en un principio. No es un cierre especialmente demoledor, pero sí coherente. Más que intentar competir con el despliegue de “Sweet Sounds of Heaven”, el tema funciona como una despedida sencilla y directa. Quizá entonces ni ellos sabían sí este era el final de su discografía, lo cual habría sido MUY simbólico.
En fin, cuando salió este disco hace 3 años corría el chiste de que lo mejor del disco era Sydney Sweeney. Ja! – estrellita en la frente para el que entendió. Ya en serio, el Hackney Diamonds es un buen álbum de los Rolling Stones. No es una obra maestra tardía, ni un disco que deba ponerse en el mismo pedestal que sus discos producidos por Jimmy Miller. Tampoco me parece que alcance la consistencia de los mejores momentos de su etapa noventera, cuando todavía podían combinar la experiencia con una mayor sensación de exploración y riesgo (un rap a media canción y que funcione bien?). Pero sería injusto reducirlo a que es bueno por una simple cuestión de nostalgia. Es cierto que no me convence la producción de Watt, aunque no puedo precisar exactamente por qué. Pero “Angry” y “Bite My Head Off” demuestran que la banda todavía puede sonar feroz y divertida, mientras que “Sweet Sounds of Heaven” ofrece uno de los momentos más inspirados de la banda en este siglo. Las canciones menos logradas impiden que el álbum mantenga ese nivel de principio a fin, pero en conjunto, el disco conserva suficiente personalidad para justificar escucharlo. Y disfrutarlo.
Y es importante considerar el contexto. Estamos en una época en la que el rock ya no es el género dominante como lo fue durante décadas. Escuchar a los Stones con estos temas es una bocanada de aire fresco en estos días. No porque absolutamente todo lo que hagan tenga que ser celebrado, sino porque todavía son capaces de hacer canciones que suenan vivas, con guitarras, garra, actitud y una identidad que no depende de los malditos algoritmos.
Por Corvan
13/Oct/2026

THE BOYS OF DUNGEON LANE (2026)
Artista: Paul McCartney
Fecha de Grabación: 2021-2026
Fecha de Lanzamiento: 29 de Mayo de 2026, UK
Discográfica: Capitol / MPL
Productor: Paul McCartney & Andrew Watt
Calificación: 8
Era: La Gran Transición (1970-???)
Subgénero: La Gran Transición
Mejor Canción: Days We Left Behind o Momma Gets By
Canciones:1) As You Lie There; 2) Lost Horizon; 3) Days We Left Behind; 4) Ripples in a Pond; 5) Mountain Top; 6) Down South; 7) We Two; 8) Come Inside; 9) Never Know; 10) Home To Us; 11) Life Can Be Hard; 12) First Star of the Night; 13) Salesman Saint; 14) Momma Gets By.
Reseñar un disco recientemente lanzado es complicado, al menos para mí. Siempre he dicho que el Ajedrez se ve mejor desde afuera. Pues bien, para reseñar un disco es necesario también dar un par de pasos atrás, ver desde lejos, saber qué lo originó: el hambre del primer álbum? Cumplir con un contrato?, Una evolución del artista? Mantenerse visible? Arrasar los Grammys? Una real necesidad creativa? Expresar un punto en particular de su vida? Una declaración de principios? Simplemente dinero? Y si es posible, ver el impacto de la jugada: Va por la reina, por la torre, por desgaste, por el Mate? En el ámbito musical, un disco es imprevisible en la mayoría de los casos. Verdaderas joyas pueden pasar desapercibidas, mientras que hay discos que cimbran y revolucionan el rock sin que fuera su intención (Nevermind). O que terminan volviéndose de culto con el paso del tiempo a pesar de su poco impacto al momento de ser lanzado (Odessey and Oracle, VU & Nico). Por eso creo que es complicado hacer reseña de un disco que recién salió. La primer impresión generalmente falla. En mi caso ya me pasó con el Death Magnetic, el No Line On the Horizon y algún otro. Y Rolling Stone sufría constantemente de ello y tenía que rectificar con el tiempo.
Por eso reseñar The Boys of Dungeon Lane es complicadísimo. Creo que el mayor riesgo está en la postura del crítico, porque a final de cuentas, una crítica es un tema meramente subjetivo, y uno puede dejarse llevar por la emotividad del disco o por una frialdad propia que puede llevar a destrozar un disco bueno.
Tuve que escuchar de nuevo casi toda la discografía de Paul McCartney desde el Off The Ground para poder hacerme una idea de dónde queda este álbum. Debemos aceptar que el pico creativo de Paul tras su salida de los Beatles, fue durante la primera mitad de los 70’s. Luego vino un bajón, que era de esperarse, pues es imposible mantenerse a tope por más de 5 o 7 años. Después vino otro muy buen momento, que inició con el Off The Ground de 1993 (y aquí viene la parte subjetiva, la crítica en general le da muy bajas calificaciones y para mí es el tercer mejor disco que tiene desde ese renacimiento en los 90’s hasta ahora), continuó con el excelso Flamming Pie, y terminó con Chaos And Creation In the Backyard que podemos considerar su último gran álbum.
Entre ellos y tras ellos, los discos son buenos… a secas. Sigue sonando a Paul, a veces le da por experimentar un poco como en el III, a veces más melódico, a veces más rockerito. Pero creo que en general, incluso a artistas de la talla de los Rolling Stones y Paul McCartney les llegó a mediados de los 2000’s esa enfermedad que arrasó con la industria musical. Hemos vuelto lentamente a la era del Single a causa del streaming. El mundo cambió con la tecnología, aunque no nos guste. El consumo cambió, y consciente o inconscientemente, la oferta se tuvo que adaptar. Las nuevas generaciones ya no consumen álbumes, solo los temas del momento, temas chicle, que masticas y escupes para ir con el que sigue. Y de alguna forma eso se ha filtrado hasta en en artistas que estaban acostumbrados a lanzar discos completos, incluso en artistas como Paul que lucharon por cambiar ese modelo en 1965 para logar por fin el disco como unidad. Los LP’s, a diferencia de los 90’s o aún inicios de los dosmiles, se sienten como 2 o 3 singles acompañados de relleno para justificar la etiqueta de LP. Y no sé si el revival del Vinyl, que es ya la única manera que los artistas mantengan cierto control de venta física sobre el streaming, haya intensificado la situación desde hace unos 7 u 8 años.
Es curioso que hayan pasado 6 años desde el McCartney III, siendo el vacío discográfico más grande de Paul en mucho tiempo, aunque pareciera que se lanzó hace 1 o 2 años. Quizá por la enorme gira o por el lanzamiento del Anthology IV, el trabajo en “Now And Then”, la remasterización de los audios de Get Back para el documental de Peter Jackson, pero Paul parece estar presente todo el tiempo haciendo una cosa u otra.
Quizá ese lapso de atención hacia los Beatles fue lo que hizo que Paul se nos pusiera tan retrospectivo. Y es que Boys Of Dungeon Lane es una oda a la nostalgia. Es McCartney mirando a sus orígenes, no a los Beatles, sino más atrás, a Liverpool, a los días antes de los Beatles, cuando era simplemente una pandilla de adolescentes guitarra en mano tratando de encajar y entender el mundo. El disco mira hacia sus padres. Hacia los años de escasez posteriores a la guerra. Hacia George. Hacia John. A su primer crush. Hacia los días en que todo estaba por ocurrir y nadie sabía que aquellos muchachos terminarían cambiando para siempre la historia de la música. El disco en ese aspecto es sumamente efectivo. Quizá a un chico de la Generación Z o Alfa que no sepa mucho sobre la historia de Paul, esa carga emotiva no le va a decir nada, pero a los que consideramos a Paul como un tío bonachón, del que conocemos su historia hasta la médula, el disco nos va a pegar. Muy duro. Days We Left Behind lo hizo muy bien como single punta de lanza. Algo se siente como despedida. Escuchar la voz quebrada de Paul, pega más duro que la letra.
El propio McCartney ha explicado que Dungeon Lane es un lugar cercano a Forthlin Road, donde vivió, y que el álbum intenta recuperar recuerdos de su infancia y juventud en Liverpool, por lo que el impacto que causa NO es casualidad. The Boys of Dungeon Lane tiene una enorme capacidad para despertar nostalgia. Hay momentos preciosos, melodías que se te quedan rondando y varios detalles que harán sonreír a cualquier fan de los Beatles. Creo que por ello muchas críticas insisten en eso desde “El gran regreso de…” y lo dicen casi con cada álbum. Pero hay que aceptar está lejos del nivel compositivo y de la profundidad de Flaming Pie y del Chaos and Creation... A estas alturas, gigantes como McCartney y los Stones (que pronto les viene su turno) ya no se comparan únicamente con los demás, ni contra los tiempos actuales. Se comparan consigo mismos. Y contra ese estándar, The Boys of Dungeon Lane tiene algunos momentos magníficos, otros bastante simpáticos y un buen puñado de canciones que simplemente pasan sin dejar demasiada huella.
No es pues un disco malo. Peeeeeeero si le quitas las capas de nostalgia, uno se da cuenta que pareciera que Paul está esforzándose por primera vez en mucho tiempo en sonar a Paul. New, Egypt Station y III de alguna forma son un poco más experimentales y Paul se siente algo fuera de su zona de comfort haciendo temas más acordes a los tiempos. Y no digo que resultado necesariamente sea mejor (no sé si algún día le podamos perdonar “Fuh You”), pero aquí, a pesar de sus destellos, se siente casi todo como un Deja Vú, Paul queriéndose forzar un poco a sonar como él mismo, y canciones que parecen valer más por lo que representan que por lo que son.
Paul tocó la mayoría de los instrumentos. No hizo TODO como en el III, pero Andrew Watt lo invitó de nuevo a no depender de su banda en vivo y a grabar la mayoría de los instrumentos él mismo. No tuvieron un choque como el que tuvo con Nigel Godrich en el Chaos and Creation, pero tampoco el resultado es el mismo. Con todo, el mismo Watt aportó algunas guitarras, sintetizadores, melotrón, baterías y algunos otros instrumentos. Ringo, por supuesto, aportó su batería y voz en “Home To Us”, hay algunos coros de la mismísima Chrissie Hyde, voces de Nancy McCartney y algunos otros músicos en instrumentos de apoyo, por lo que no es un McCartney IV en el sentido estricto, pero sí se debe reconocer que Paul hizo “casi” todo.
El disco arranca con “As You Lie There”, con unos acordes muy raros, casi disonantes de guitarra acústica y Paul recitando las primeras líneas. Durante la promoción del disco Paul lanzó algunos clips o mini entrevistas y en alguno comentaba que de chicos se sorprendían con acordes nuevos que resultaban novedosos. Así surgirían por ejemplo “Michelle” o “Blackbird”. Este es uno de esos acordes que le resultaron fascinantes y tenía guardados. Paul comienza revelándonos que solía pasar por la casa de alguien (Dot Rhone, su primer novia?) para ver su silueta en la ventana y se pregunta si alguna vez (dondequiera que esté) alguna vez pensó en él. Al :30 el piano se vuelve dominante y entra la melodía vocal, y al :50 hace un feroz redoble, para meter una guitarra muy harrisoniana. Paul desata su furia convirtiendo el tema en un rocker. Y entonces cambia el tiempo de la letra, de pasado a presente, y en su rugido, la ventana de la infancia se convierte en la distancia y tiempo que ahora lo separa de la chica, y le pregunta:
“As you lie across the bed
Am I there inside your head?
As you lie there
As you lie there”
El tema, va pues de la casi rara ternura del inicio, la melodicidad marca de la casa, a una furia (negación?) helterskelteriana, demostrando que aún puede forzar su garganta. Al minuto 3 tenemos un interesante break instrumental, donde bajo y guitarra se disputan el protagonismo, tras lo cual regresamos a los rabiosos estribillos cargados de reproche, y cierra con la parte más melódica. Es casi como si fueran 3 o 4 canciones diferentes, pero que de alguna manera funcionan juntas. Recuerda vagamente al Paul de los 70’s, y por su estructura, vagamente a “Live And Let Die”, aunque tiene un carácter propio. El disco abre pues, por lo alto, con energía, estructura algo arriesgada y creativa. Sin embargo la letra, ya sea para John o para alguno de sus primeros amores, resulta un tanto escabrosa.
Sigue “Lost Horizon” tiene un título promisorio, y una guitarra con un tono oxidado muy cool. Pero es todo. Se supone que la compuso a inicios de los dosmiles, pero por algo no la había publicado. Es un tema semilento con guitarra rockera. Supongo que haría algunos ajustes a la letra, que es una colección de imágenes del Liverpool de su juventud, pero queda muy, pero muy distante de la capacidad de evocación de “Penny Lane”, y realmente es muy poco memorable.
Con “Days We Left Behind” tenemos como protagonistas la voz frágil de Paul y las poderosas imágenes del pasado, que esta vez SI funcionan. La canción es muy simple, pero melódica y pegajosa, con un círculo en arpegio en guitarra acústica, piano y un discreto bajo que crean una gran melancolía. Pero el poder viene en las letras y en la voz. Esa voz de Paul que suena con toda intención al borde del colapso. Viejo, cansado. Como si apenas le ajustara el aliento. Bueno, ya oímos de lo que aún es capaz de hacer en “As You Lie There”, por lo que estoy convencido de que este sonido avejentado es totalmente a propósito. Si bien la música es simple, la letra es oro molido. Paul hace un tema introspectivo como tenía mucho sin hacer. Es una remembranza de su juventud. The Boys Of Dungeon Lane es acaso como se llamaba esa pandilla infantil de Liverpool en los tiempos en los que aún se podía salir de casa después de comer y perderse todo el día hasta la hora de la cena. Algunos de ellos sufrirán (llevarán una vida “normal?”) mientras que otros están destinados a más (A la banda más grande de la historia?).
“Nothing stays the same
No one needs to cry
Nothing can reclaim
The days we left behind”
El estribillo va cambiando, pero en torno a esta misma idea. Paul parece estarse reconciliando con su propio pasado. Reconocer al chiquillo que corría por las calles de Liverpool, a sus amigos, los que formarían los Beatles y los que no. La promesa a John, que no devela. Y el mundo cambia, “Nothing stays the same” y no se puede culpar a nadie por ello. Guerras van y guerras vienen, pero las aves siguen cantando. Nosotros mismos vamos envejeciendo. Paul a sus 83 años se pregunta si sus mejores días ya pasaron. Un Exbeatle! A sus 83!!! Y nosotros quejándonos… El caso es que es una melodía simple, pero poderosa, y se convierte en el verdadero centro emocional del disco, una que te sacude como lo hizo “Now And Then” la primera vez que la escuchamos terminada. La melodía y el poder emocional que tiene la convierten en unos de los mejores temas que Paul ha escrito en mucho tiempo.
“Ripples In A Pond” busca sonar más contemporánea y sofisticada. De alguna manera me recuerda a “Find My Way”, que compuso junto con Beck en 2021, pero aquélla sonaba más arriesgada y original (y el video es una joya). “Ripples In A Pond” suena pues algo reciclada, pero con melodía más floja y genérica, y si acaso, las escalas ascendentes de los puentes logran funcionar, pero en general, es un tema bastante olvidable.
Luego tenemos “Mountain Top”, que mejora bastante, con ese pianito eléctrico juguetón y una melodía más sólida. El tema es que suena familiar… ehrrr, como si Paul le estuviera copiando a una banda que le estaba rindiendo un tributo. Como “Eleanor Put Your Boots On” de Franz Ferdinand, una de las canciones de influencias beatlescas más bellas de la historia. Esa sensación de Deja Vú que impregna todo el disco! La letra no tiene mucho sentido. Su primer viaje con hongos, acaso? La canción tiene su encanto, un aura psicodélica, juguetona, hasta que se empieza a malviajar cerca del minuto 3 para un cierre un tanto fuera de lugar que le rompe un poco la magia. Al final podemos escuchar algunas palabras veladas de Nancy, la actual esposa de Paul. No es “Lucy In The Sky With Diamonds”, ni pretende serlo, pero sí es una pequeña ventana hacia el Paul del 67-68. Y ése es precisamente uno de los encantos del álbum: McCartney no está tratando de demostrar que puede reinventarse. Está abriendo cajas viejas y sacando recuerdos. Musicalmente no es de los puntos más altos, pero tiene suficiente personalidad para evitar convertirse en relleno.
“Down South” es McCartney con guitarra acústica al frente, contando una historia sobre un viaje a autostop hacia el sur de Inglaterra con George Harrison, siendo apenas adolescentes, y no sabiendo siquiera dónde iban a pasar la noche. Es una canción pequeña, rítmica, sencilla, pero tiene bastante personalidad. Paul parece estar sentado en la sala frente a nosotros cantando una anécdota. Tipo “Blackbird” o “Junk” o “Calico Skies”. No es una melodía particularmente fuerte ni un trabajo de guitarra delicado como esas otras piezas acústicas, pero tiene esa cualidad casi cinematográfica de algunas de sus mejores composiciones acústicas: uno puede imaginar perfectamente al joven Paul y al joven George recorriendo Inglaterra sin tener la menor idea de lo que les esperaba. Una canción linda, con un buen guiño a George que se agradece. Pero musicalmente no es tampoco una pieza memorable.
Continuamos con “We Two”. Fue grabada utilizando una vieja máquina de cuatro pistas Studer del tipo utilizado por los Beatles, y hacia el final aparecen efectos de cinta que evocan directamente aquella época. Incluso el título parece guiñar el ojo a “Two of Us”. Es una canción sencilla, soñadora, muy mona y muy McCartney. Nuevamente queda esa ambigüedad lírica sobre si es para John o es un tema más romántico. Curiosamente, en “Two of Us” mucho tiempo creí que hablaba sobre John cuando en realidad es sobre Linda, pero creo que ésta sí es para su amigo por esas referencias oníricas. Es uno de esos pequeños temas que probablemente ganen con las escuchas, pero que nadie va a extrañar en los conciertos si no la toca.
Con “Come Inside” vienen los problemas. Es una canción armada en un riff más o menos cool, pero salvo eso, la canción simplemente gira en torno a ese riff. No hay demasiada profundidad detrás de la composición. Suena a Paul tratando de convencerse de que es el mismo tipo que compuso “Helter Skelter”, y de demostrarnos que la fragilidad de su voz en “Days We Left Behind” era deliberada. Pero la canción suena forzada y con letra por demás boba. Y la producción de Watt… Intenta darle un toque moderno, pero no termina de funcionar y parece más un descarte de los Stones del Hackney Diamonds, pero sin veneno. Lo que sí se agradece es que viene a darle un poco de ritmo al disco, aunque se sienta tan fuera de lugar.
Luego tenemos “Never Know”, que es un tema de lo más raro, lento, con tintes de ensueño. El título quizá hace guiño al último track del Revolver, aunque tiene un aire más similar a “I’m Only Sleeping”, con tiene un aire relajado, casi psicodélico, y un arreglo particularmente bonito. La instrumentación es curiosa, ese recorder que aparece durante la canción parece sacado directamente de la época de “The Fool On The Hill”, y también hay grabaciones al revés. En general se crea un ambiente ligeramente psicodélico que conecta con el McCartney de finales de los sesenta, pero los versos son los que le dan esa atmósfera lennoniana, que bien pudo entrar en el Mind Games. Los estribillos son fuertes y melódicos, con la firma de Paul. El break vocal cerca del minuto 2 es simplemente genial. La canción avanza tranquilamente como carrusel hasta terminar en una especie de pequeño estallido de guitarras y coros. Es linda, experimental, evoca a los Beatles y a John sin sonar a copia de algo en particular, y tiene un gran cierre. Quizá no se llegue a convertir en un clásico, pero es de los temas fuertes del álbum.
En “Home To Us” tenemos a Ringo haciendo voces y batería. Cierto que ya habían colaborado, principalmente Paul en discos de Ringo, o ambos en discos de George, pero creo que es la primera vez que Ringo colabora en un disco de Paul. El tema es lindo, totalmente beatlesco y nuevamente lleno de imágenes que evocan un Liverpool de mediados de los 50’s, en el que Paul y Ringo se van intercalando el lead vocal. Y sí, quizá es la rola más pegajosa del disco. El problema es que se siente un tema MUY genérico, obvio y descarado, de esos que sobraban en la etapa Beatle y le daban a cantar a Ringo. Es el ejemplo más claro de un tema que tiene mucha carga emocional, pero que sin ella, realmente no queda mucho. Aquí Chrissie Hynde de los Pretenders hizo coros. Sí, siempre será entrañable y nos sacará una sonrisa oír a Paul y a Ringo juntos cantando un tema así de desenfadado, pero…
Luego está “Life Can Be Hard”, uno de esos temas de Music Hall de los 40’s a los que John se refería como “música para abuelitas”. Paul la canta en falsetto, hace arreglos de guitarra que se entretejen con piano. Es imposible no evocar “When I’m Sixty Four” cuando los arreglos se vuelven más elaborados y llegan violines y oboes. Sin embargo, la melodía es sólida y adorable, y da muestra de la capacidad de McCartney para convertir una melodía aparentemente sencilla en algo mucho más elaborado. La letra habla del amor con sus altas y bajas, pero en su simplicidad, es bastante agradable. No llega al nivel de “My Valentine”, pero es un buen temita.
“First Star Of The Night”, por otro lado, peca de simplista y genérica. Es otra balada, con guitarra acústica y un arreglo de eléctrica, pero con melodía muy floja. La canción nace de una experiencia real relacionada con una noche lluviosa durante un concierto en Costa Rica y McCartney la convierte en una pequeña reflexión sobre encontrar algo de luz después de la tormenta. Después de “Life Can Be Hard”, parece algo innecesaria y adormece el disco.
Con “Salesman Saint” inicia el epílogo del disco con temas dedicados a sus padres. Ésta es un poco más enfocada a James McCartney. Un tema con guitarra acústica afilada como base, con aires de Folk de la vieja escuela. La melodía es fuerte, con carácter. La letra habla sobre las dificultades de una pareja para sobrevivir con el sueldo de un vendedor y criar dos hijos durante la guerra, la escasez, representando la clase trabajadora de Liverpool. La instrumentación también es particularmente interesante, con elementos de folk al que posteriormente se incorpora una especie de big band/swing fantasmagórico que aparece inesperadamente. Hace una referencia al piano de su padre, el primer instrumento que aprendió a tocar Paul, y en el que su padre le enseñó a hacer armonías. Como nota, John no sabía armonizar cuando conoció a Paul, fue él quien le enseñó, por lo que le debemos a Jim McCartney uno de los sellos más distintivos de los Fab Four.
El disco cierra con otra joya melancólica y seria contendiente a la mejor del álbum. “Momma Gets By” está dedicada a Mary McCartney, enfermera y partera. Paul nos narra con enorme melancolía y un dejo de orgullo como se deslomaba para llevar dinero a casa, sin quejarse, aguantando el malhumor de su marido cuando llegaba a casa lidiando con sus propios problemas, mostrando así ese lazo que unía a sus padres. Es imposible no conmoverse con el estribillo: “Because she loves him, And she loves him with all her heart and soul”, cantado con una delicadeza casi de cristal. La producción orquestal es simplemente sublime, y existe una especie de tristeza escondida debajo de la melodía aparentemente dulce. La voz envejecida de Paul funciona mejor cuando acepta sus limitaciones, ya que cuando intenta alcanzar las notas de hace cincuenta años, inevitablemente escuchamos el paso del tiempo. Pero cuando canta desde ese lugar más frágil, escuchamos a Paul McCartney. No al Paul McCartney de 1967, al de Band On The Run o al de Flaming Pie. Al Paul McCartney de 2026, y ahí es cuando más brilla en este disco. La canción es conmovedora en su sinceridad, y si bien musical y emocionalmente no guarda parecido con “Mother” de John, creo que son comparables en cuanto a sinceridad y a su respectivo poder emotivo. Una de las joyas del disco y gran cierre.
En fin, no es un mal disco, en absoluto. Su mayor virtud y a la vez su mayor problema, es la cantidad de nostalgia en la que viene empaquetado. Hay dos o tres canciones enormes, como en casi todo disco de Paul, la mayoría del resto son buenas, pero también hay algunas que sin esa nostalgia no son nada memorables. Por momentos se esfuerza demasiado, cuando a estas alturas ya no tiene absolutamente nada que demostrar, pero brilla más cuando logra conjugar la sencillez con sinceridad y su indudable genio. El 8 de calificación quizá sea irme a lo seguro. Lo que no sé es si ese 8 es contra el resto de música que topa Spotify hoy en día o contra el McCartney en su mejor nivel.
Por otro lado, no sé si Paul va por el Jaque Mate. Solo el tiempo lo dirá. Basándome en los comentarios que hizo a Geddy Lee para que Rush siguiera girando tras la muerte de Neil Peart, que de hecho los hizo volver a los escenarios con Anika Nilles en las baquetas, podría asegurar que nuestro Paul se va a dejar la vida en el escenario y en el estudio, y seguirá lanzando discos mientras las fuerzas y la voz se lo permitan. Pero, si este es realmente el último álbum, el cierre de una carrera que inició en 1962, cerrando con un regreso a los orígenes, entonces eso lo va a redimensionar por completo. Y será uno de los Jaque Mates más brutales de la historia, casi de la altura del Black Star de David Bowie. Sólo el tiempo dirá.
Ya para cerrar, quizá no sea el gran álbum de Paul. Pero cuando el día llegue, (y llegará tarde o temprano), este es el disco de toda su discografía solista que será obligatorio para llorarlo, días, semanas, meses. Una eternidad. El tiempo que sea necesario. Ahí es cuando este disco nos va a pegar como no imaginamos. Mate.
Por Corvan
23/Sep/26


