PINK FLOYD
“We're just two lost souls Swimming in a fish bowl, Year after year, Running over the same old ground. What have we found? The same old fears.”
INTRO REESCRITA
"B+"
Década Principal: 70's
Eras Principales: La Psicodelia (1966-1969)
Progresivo (1968-???)
Miembros Clave:
Syd Barret, Guitarra hasta 1968
Roger Waters, Bajo
David Gilmour, Guitarra
Nick Manson, Batería
Rick Wright, Teclados
Canciones Clave:
Comfortably Numb, Echoes, Shine on You Crazy Diamond, Wish You Were Here, Dogs, Money, Time, Sheep, One of These Days, The Great Gig In The Sky, Have a Cigar, High Hopes, Us And Them, Mother, Breathe, Learning To Fly, Welcome to the Machine, Pigs (Three Different Ones), One Of These Days, Keep Talking, Hey You, Fearless, The Happiest Days Of Our Lives, Another Brick In The The Wall pt. 2, Set The Controls To The Heart Of The Sun, A Pillow of Winds, What Do You Want From Me, In The Flesh, Astronomy Domine, The Nile Song, Interestellar Overdrive, Goodbye Blue Sky, Cymbaline, Brain Damage, Run Like Hell, Take It Back, On The Turning Away, Wot’s Uh The Deal, Summer ’68, Ibiza Bar, Bike, The Narrow Way Pt 3, The Final Cut
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Tras los muchos grupos que he conocido, tres están empatados en mis gustos personales en un tercer lugar. De ellos, los Doors y Led Zeppelin siguieron el orden cronológico, inmediatamente después de descubrir a los Beatles y los Stones. Hoy me ocuparé del tercero, al que llegué mucho después, y que lentamente fue ascendiendo en mi ranking personal hasta un tercer lugar compartido: Pink Floyd, al que mi locutora preferida (esa Claudia Angélica a la que se le adivinaba la sonrisa tras el micrófono) presentaba como “Música que se baila con la mente”, y que nunca he podido describir mejor.
Pink Floyd fue tres bandas. Tres bandas que fueron un monstruo de tres cabezas y que hicieron varios de los discos más perfectos de la historia. No exagero. Cada Pink Floyd tiene sus pros y sus contras, pero haciendo un balance, de cada una se pueden sacar bastantes más pros. La locura de Barret, las atmósferas de Waters y la precisión de Gilmour, hicieron de Pink Floyd una banda para tres generaciones distintas pero con una misma raíz.
La historia comienza a principios de los años 60. Roger Waters y Roger Keith “Syd” Barrett crecieron en Cambridge. Se conocían desde adolescentes porque asistían a escuelas cercanas y compartían el interés por la música y el arte. En ese mismo círculo también estaba David Gilmour, quien era amigo de ambos desde la adolescencia, aunque todavía no formaba parte de la banda. Para 1962, Roger Waters se mudó a Londres para estudiar arquitectura en el Regent Street Polytechnic. Allí conoció a otros dos estudiantes que cambiarían su vida: Nick Manson y Rick Wright. Los tres conectaron rápidamente por dos cosas: la arquitectura y el gusto por el rhythm & blues. Así pues, formaron el germen de Pink Floyd, llamado Sigma 6, que además incluían a Keith Noble, Clive Metcalfe y Sheilagh Noble, tocando covers en fiestas de la universidad. Hubo muchos cambios de integrantes, y en algún momento se agregó Bob Klose en la guitarra, dándole cierta sofisticación al grupo con su conocimiento de Jazz. Los nombres de la banda también iban y venían. Entre otros, se llamaron The Meggadeaths(!!!!), The Abdabs, The Screaming Abdabs, Leonard’s Lodgers, Spectrum Five y Tea Set. En 1965 Roger Waters invitó a su viejo amigo de Cambridge, Syd Barrett, a unirse al grupo. Esa decisión lo cambiaría todo. Barrett no solo era un excelente guitarrista, sino un compositor extremadamente creativo. Empezó a escribir canciones originales con letras surrealistas y una música muy distinta a lo que hacía cualquier otra banda londinense. Cuando el cantante Chris Dennis dejó el grupo por obligaciones con la RAF, Syd se convirtió también en el vocalista principal.
En una presentación descubrieron que otra banda también se llamaba Tea Set. Para evitar la confusión, Syd improvisó un nuevo nombre. Tomó los nombres de dos músicos de blues que admiraba: Pink Anderson y Floyd Council. Algo así como cuando a Brian Jones se le ocurrió el nombre de su banda cuando vio un disco de Muddy Waters. Inicialmente eran The Pink Floyd Sound, pero al poco tiempo todo mundo les llamaba Pink Floyd y así es como pasarían a la historia. A finales de 1965, Bob Klose abandonó el grupo porque él tenía más influencia de Jazz y Syd los estaba inclinando cada vez más a un sonido psicodélico. De forma que así quedarían constituidos como el cuarteto que conocemos en el Pipers. Con ese sonido Surf, psicodélico, con letras espaciales, surreales y alocadas, largas improvisaciones, ecos, reverb, efectos de luz caleidoscópicos, comenzaron a abrirse paso en la escena londinense. A finales del ’66 e inicios de ’67 ya eran la banda más buscada del Club UFO.
En Febrero de 1967, consiguieron contrato discográfico con EMI para grabar su disco debut, nada más y nada menos que en los ya entonces famosos estudios Abbey Road, donde The Beatles estaban en plenas sesiones del Sgt. Peppers. Mientras que la leyenda dice que Syd logró hacer buenas migas con John y Paul y escuchar algunas grabaciones desde la cabina, de donde se robaría dos o tres ideas, Waters dice que se cruzó con Lennon en los pasillos y que se portó como un completo idiota.
Siendo honestos, tardé mucho, mucho, pero mucho tiempo en hallarle el gusto a Syd Barret, el líder de la primera etapa de los Floyd; pero cuando lo hice, pude apreciar al máximo las siguientes épocas y pude ascender a tan alto nivel a la banda en cuanto a mis gustos. Barret sólo estuvo de lleno sólo en el primer disco, The Pipers at the Gates of Dawn de 1967, pero su locura estuvo presente como sombra al menos hasta el ’71. El Pipers entra al menos entre los 10 discos más importantes del ‘67. ¿Por qué? Porque quizá fue el más revolucionario en cuanto a sonido dentro de un año en el que el sonido en sí, casi todo el que se hiciera, era revolucionario. El aura cósmica del álbum solo se puede percibir tras muchas escuchadas. Yo al principio lo deploré, y sinceramente, se me hizo la obra de un loco. Lo es, pero en el mejor de los sentidos. Sólo el Disraeli Gears de Cream, con la mayor lucidez de Clapton, logró retratar igual de bien la psicodelia pura de la época, desde otro extremo. En el PATGOD relucen letras agudas, sonidos neuróticos, ambientes espaciales, canciones que crispan los nervios hasta el disfrute, hasta el dulce masoquismo sonoro…
Barret fue un genio incomprendido. La música que hizo mientras duró con la banda no fue en absoluto comercial, y la música que hizo la banda en los años inmediatos a su partida, menos. No, Syd no necesitó matarse por sobredosis para forjar su leyenda: Sólo se volvió loco, literalmente, y por ello la leyenda no es tan conocida. Es increíble pensar que sólo un año antes, en el ’66, los Floyd estuvieran haciendo malos y alucinados covers de surf. Pero Barret sembró la semilla de una de las bandas que posteriormente sacaría del underground al Progresivo, una música muy difícil de digerir, y que sin embargo nunca dejó de llevar su aura.
Barret no sólo enloqueció con el abuso de LSD y otras drogas quizá más fuertes; no, lo demostró y con mucho. El sonido del Pipers lleva la firma del ácido, unido a la psicosis que le causó ésta droga. Aún así, el álbum tuvo cierto éxito, lo suficiente para ser invitados a televisión, donde Syd, no sé si desquiciado o más lúcido de lo que cualquiera supondría, dejaba de tocar y se inmovilizaba como estatua mientras se grababa, dejando a todos en ascuas. Y cuando se detenía la grabación para sermonearlo, comenzaba a tocar como nunca lo había hecho. Pero volvamos a la música; ese primer Floyd fue un reflejo fiel tanto en ritmo como en letra de lo que ocurría en 1967: Una perdición total, pero una perdición que tuvo tintes utópicos. “Astronomy Domine” es una de las canciones más densas de aquel año, una canción violenta en cuanto a musicalización, donde ya se percibían las progresiones de los otros músicos que intentaban componer el camino de algo que no tenía mucho sentido.
David Gilmour era amigo de la infancia de Syd Barrett y Roger Waters en Cambridge. Mientras Pink Floyd comenzaba a hacerse famoso, él tocaba con otras bandas y viajaba por Europa tocando en las calles. En 1968, cuando los problemas de salud de Syd Barrett hicieron muy difícil que siguiera actuando, los demás invitaron a Gilmour para reforzar la banda. La idea inicial era que ayudara a Syd en los conciertos, pero poco después Barrett dejó definitivamente el grupo. Aún en el segundo disco, A Sourceful of Secrets, tocaría con ellos, un par de rolas apenas, debido a que eran remanentes del álbum anterior, y la que daba título al disco, con los cinco Floyds por única ocasión.
El resultado total no es muy saludable, debido entre otras cosas a que Syd estaba demasiado ido y a que los demás no terminaban de encontrar a otro líder ni un estilo propio. Se supone que Barret iba a dedicarse a escribir mientras los demás interpretaban la música, algo parecido a lo que estaba por pasar con Brian Wilson y los Beach Boys, pero está visto que fue imposible. Así que Syd hizo un par de discos como solista, con cierta ayuda como premio de consolación por parte de los demás, y después tuvo su primera muerte, la musical. Escuchando esos discos no sé qué habría pasado si el resto de la banda los hubiera interpretado. Es obvio que el primer sonido de Floyd es más psicodélico que progresivo, y esas canciones desnudas de Madcap Laughs y Barret, tienen un potencial impresionante. Pero solas, abandonadas a la interpretación acústica de un genio demente, suenan muy infantiles, ciertamente sinceras, pero no muy buenas a mi gusto. Lo que nos hace pensar que en el resto de la banda, Waters, Wright, Mason y (at last but not least), Gilmour, había potencial y no todo se centraba en el líder.
Los años posteriores son de adaptación y democracia. Floyd ya tenía un cierto renombre, al menos en el Reino Unido, e hicieron hasta lo imposible por mantenerlo. Si Ringo se preguntó cuando se unió a los Beatles “¿Qué hace un imbécil cómo yo con unos tipos como estos?” no me extrañaría nada que David se haya preguntado “¿Qué hace un tipo como yo con unos imbéciles como éstos?”. Gilmour se unió a la banda por dos razones: Una, porque Floyd era un grupo que empezó con mucho éxito; y dos, porque era quien había enseñado al guitarrista a tocar así, es decir, palancas. Lo de la fama y dinero no le resultó, al menos en los primeros 4 años. Sin embargo, él mismo había evolucionado lo suficiente como para que en esa época los sonidos fuesen muy distintos. En los discos posteriores (el Sourceful, Ummagumma, Atom, y cronológicamente, Obscured), Floyd fue un hueco tratando de cubrir otro hueco. No denigro esos discos, en absoluto, pero se nota el fantasma de Syd en el sonido, la búsqueda de la locura que los había catapultado en primeras instancias, pero que después del debut, no fue más que una sombra que llevó a Floyd a vivir en el underground y a tener un declive comercial.
Esos años de búsqueda finalmente fructificaron en 1971. Si bien en el ’72 vio la luz el Obscured by Clouds, fue porque estuvo encerrado más de un año. Posterior a la creación de este disco, pero anterior en lanzamiento fue el Meddle (algo parecido al Let it Be y el Abbey Road), la primer obra maestra del sonido floydiano como lo conocemos. En el Meddle se percibe ya una madurez, no meros sonidos seminprovisados. Empieza la creación de atmósferas, particularmente en Echoes empieza a notarse el liderazgo de Roger haciendo durante el resto de los 70’s una seguidilla de discos espectaculares, bastante ambiciosos, y ahora si con un sentido mucho más claro. Así mismo, los solos de David se volvieron de una precisión milimétrica, astuta, a veces sin demasiada sinceridad y con mucha frialdad, pero encajando perfectamente en la ambientación musical y realzándola sobremanera. En pocas palabras, sonaba una banda profesional, madura, creando sonidos que quizá pretendían hacía mucho pero que apenas ahora lograban aterrizar.
Si el Meddle tampoco fue un éxito comercial y en el ’72 el Obscured sonó a retroceso (por razones antes mencionadas), el ’73 los catapultaría a la historia con un disco prácticamente perfecto, sublime, que los llevaría a la gloria que tanto se les había negado. Me refiero por supuesto al Dark Side of the Moon.
Para muchos es el mejor disco de la historia del rock. Con una sobreproducción que sin inteligencia hubiera echado a perder cualquier otro disco, en éste, los sonidos, los coros, las risas, los efectos, la guitarra a veces teatral de Gilmour, el bajeo obsesivo de Roger, la impresionante voz de Clare Torry, encajan para construir ambientes muy dispares. La neurosis, la melancolía, la desesperación, la esperanza, el erotismo… Una obra demasiado ambiciosa, ya lo he dicho, pero sólo apuntando al cielo se logra algo. Floyd logró retomar con esta obra algo que se estaba perdiendo de la herencia de los 70’s: El Rock como Arte auténtico, y quizá fue esta obra la que consolidó lo que se había iniciado por otras bandas el en ’66 y’67. Si en los primeros años de la década Zeppelin fue rey absoluto, las cosas se dieron de manera que la mejor época de Floyd llegara en el preciso instante en que los mejores días de Led empezaban a decaer, dando un empate técnico como los dos mejores de los 70’s.
Pink Floyd ya tenían lo que querían: fama y dinero para aventar. Después de haber encontrado un estilo que rayaba en lo progresivo y lo psicodélico sin ser plenamente ninguno de éstos, mantuvieron la misma fórmula durante algunos años. No es que el Prog fuera totalmente ignorado hasta entonces, incluso el DSOTM me parece un disco que más que buen progresivo, es un pop muy inteligente y muy bien producido y arreglado, pero fue este álbum el que le dio un impulso tremendo a todo el movimiento. A pesar de lo grandioso del disco, a mi punto de vista logró cimbrar de tal manera al mundo musical que las ideas progresivas y de rock clásico terminaron por agotarse muy pronto tratando de alcanzar esta “cumbre”, llevando posteriormente a una decadencia musical. Y no hablo exclusivamente de la banda. Movimientos como el Disco y el Punk surgieron como un contraataque al Prog, y ya sabemos qué géneros triunfaron. La influencia del álbum, pues, no sólo fue musical, sino sociológica y cultural.
En fin. Después de tomarse un receso por primera vez en 6 años y de abrumarse con la idea de que jamás sobrepasarían el DSOTM, los Floyd presentaron el Wish You Were Here en el ’75. Si no fuera por su tremenda insinceridad, quizá sería mi álbum favorito de la banda. Y quizá lo es, dependiendo de mi estado de ánimo y del clima. El WYWH es un tributo a Syd Barret, el viejo líder del que tenían años sin tener noticias y al que habían idealizado. De ese idealismo nació una joya en el que se respira al fantasma de Syd, Shine On You Crazy Diamond, otra obra compuesta por múltiples partes como en los inicios, pero con una idea musical e intelectual muy precisa. La banda hace un manejo maestral de la tensión, haciendo un crescendo desde el primer instante, colocando solos milimétricos, letras que, sin ser cursis en absoluto, conmueven por su inteligente nostalgia… El resto del álbum también es excelso, con las agudas letras de Waters que ya tenía un dominio absoluto de la composición y los solos matemáticos de Gilmour que trataba de arreglar los errores compositivos con su guitarra. El resultado es sublime.
El detalle es que Syd se les apareció en carne y hueso en el estudio de grabación. Estaba calvo, gordo y sin cejas. Tardaron en reconocerlo. Cuando por fin lo hicieron, lo abrazaron, lo invitaron a pasar y le mostraron lo que llevaban del disco. La leyenda más conocida dice que después de esto le pidieron amablemente que abandonara el estudio y nunca más lo vieron. Otros rumores dicen que Barret se siguió apareciendo en días posteriores, incluso con su vieja guitarra, hasta que el guardia de seguridad le impidió la entrada y él se quedaba el día entero tocando solo en la calle. Cualquiera que haya sido la verdad, lo cierto es que el hombre al que le hacían un tributo había sido pateado como un perro. Esa fue la segunda muerte de Syd, la simbólica. Y esa hipocresía y falta de lealtad mancha incluso la impresionante crítica social que logran con el siguiente álbum, Animals. Por cierto, (antes de entrar de lleno a este disco), Barret se excusó en su locura para vengarse deliciosamente de esta traición, dando a entender a partir de los 90’s que no recordaba ser fundador de ninguna banda y que incluso no sabía quién diablos era Pink Floyd (A veces estar loco tiene ventajas, yo en lo personal no creo que lo hubiese olvidado).
Durante la grabación del Animals la tensión entre Waters y el resto de la banda creció de manera alarmante. Musicalmente no se nota. El disco es otra de las ambiciosísimas obras de Floyd, y se basa en “La Rebelión en la Granja” de Orwell, para hacer una crítica a la estratificación social, la política, los ejércitos y la guerra, y la poca acción del pueblo ante la opresión. El resultado deja sin aliento: la música refleja perfectamente los estados de ánimo que reproducen las letras, pasando por la desesperación, la angustia, el miedo de las ovejas; la ira, el salvajismo, la rabia y ceguera de los perros; hasta la obsesión, ambición, prepotencia y rebuscamiento de los puercos; perdón, cerdos, digo, políticos. La otra tercera parte de las veces, dependiendo del clima y de mi estado de ánimo, hace de ésta mi obra favorita de Pink Floyd.
Tras otro breve receso, que sirvió a Waters para planear lo que él consideraría su “obra maestra”: The Wall. Esta vez, por qué no decirlo, la obra más ambiciosa de una banda en sí, ambiciosa. El intento de Rock Opera que no queda muy claro en el álbum sino en la película, tiene muchos claroscuros. Waters está tan obsesionado en recalcar un proceso vital, pero se olvida que lo hizo ya con éxito con el DSOTM, y su rebuscamiento hace esta vez que el disco tenga altas y bajas. Para variar Gilmour rescata la obra con su guitarra y con la mejor composición del álbum doble, Comfortably Numb. Sin embargo, la ruptura está hecha. La tiranía con la que Roger sobrelleva el álbum hace que las barreras sean infranqueables. Y si el resto se anima a colocar su nombre en el próximo álbum, el Final Cut, es una acción que no entiendo a no ser por el miedo a expulsar a otro miembro por una locura aún más insana que la vez anterior. El Final Cut es un nombre paradójico, y quizá no haya sido mera coincidencia.
Tras el largo juicio que le quitó a Waters los derechos sobre la marca Pink Floyd y tras su expulsión (aunque algunos le llamen deserción), Manson, Wright y Gilmour volvieron a ser una banda acéfala disfrazada de democrática en el siguiente disco: A Momentary Lapse Of Reason. En realidad David se echaría en hombros a la banda (lo que significa que instauró otra dictadura) para crear el A Momentary Lapse Of Reason a fines de los 80’s y el Division Bell a mediados de los 90’s. Nuevamente el sonido depurado, los solos milimétricos y letras casi tan incisivas como las de Waters auguraban un tercer aire. Tras el P.U.L.S.E., su mejor álbum en vivo, Floyd no volvió a respirar hasta la breve reunión como trío para recibir el 2000 en Egipto y posteriormente un reencuentro con Waters para el LIVE 8, el 2 de Julio del 2005, actuación que robó cámara más que el evento en sí. En esa breve reunión tocarían los 4 “Speak to Me”, “Breathe”, “Money”, “Wish You Were Here” con un cierre apoteósico con “Comfortably Numb” y un abrazo de los 4 integrantes. Había esperanzas de alguna posible reunión, y la banda se colocó con este evento temporalmente como la más grande del planeta. Pero los choques entre Gilmour y Waters no tardaron en resurgir, y la esperanza de que fuera un reencuentro más allá de 5 canciones se esfumaron. Ya con las redes sociales, se volvería evidente que otra reconciliación siquiera, era impensable, ya que David y Roger tenían posturas opuestas.
El 7 de Julio del 2006 murió Syd Barret de cáncer de páncreas. La noticia se dio en medios 5 días después. A su funeral no asistió ningún miembro de Pink Floyd.
El 15 de septiembre de 2008, murió Rick Wright de cáncer de pulmón, a los 65 años. Esta vez, los 3 restantes se deshicieron en elogios para el tecladista. Gilmour lo compararía con George Harrison, como el “Floyd Silencioso” en el aspecto de que no era muy mediático, pero dentro de la banda era quien traía el balance al grupo.
Uno hubiera pensado que aquí acaba la historia, pero el 7 de Noviembre del 2014, Pink Floyd lanzaría un nuevo disco de estudio, The Endless River. Es un trabajo casi atmosférico, sin apenas voces, y en el que usaron descartes y tracks sin utilizar que dejó Wright desde las sesiones del Division Bell.
Roger Waters se iría convirtiendo en una figura muy mediática por su defensa a Palestina, pero metiéndose en problemas por criticar a artistas que no boicoteaban a Israel. En 2023, Waters lanzó The Dark Side Of The Moon Redux, una regrabación del mítico álbum del ’73 en una versión más minimalista, celebrando los 50 años. En algún punto diría que es como era su visión original del disco, más enfocado en las letras y sin tanta parafernalia de solos, en otro de sus ataques a Gilmour. Aunque técnicamente es un disco solista de Waters, podría considerarse como la última noticia relevante sobre un trabajo de la banda hasta este 2026.
De Pink Floyd sobrevive su leyenda, su música sin igual, sus solos magistrales, sus conciertos en lugares inauditos, 4 discos seguidos perfectos, y sus diversas locuras trastocadas en genialidades. Además de los múltiples rumores tras la breve reunión: que si una gira mundial, que si nuevo álbum, que si concierto en la luna y demás cosas imposibles. Pero lo más importante: una música experimental con la cual rozaron la perfección.
Alineación: Roger (Syd) Barret en guitarra y voz; Roger Waters en el bajo y voces; Rick Wright en los teclados; Nick Mason en la batería. En 1968 Gilmour se incorpora al grupo en guitarra y voz para la grabación del segundo disco, mientras Barret lo abandona en el transcurso del mismo por decisión unánime y locura irreversible. Y quizá deberíamos mencionar a Clare Torry como sexta Floyd por su maestral e inigualable participación vocal en el Dark Side.
Por Corvan
23/Sep/2007
Reescrito: 14/Jul/2026
