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ANOTHER SIDE OF BOB DYLAN (Bob Dylan, 1966)

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Artista: Bob Dylan (B+)

Fecha de Grabación: 9 de Junio de 1964

Fecha de Lanzamiento: 8 de Agosto de 1964, USA

Discográfica: Columbia

Productor: Tom Wilson

Calificación: 8

​ 

 

 

Era: Folk, Folk-Rock (1940 -???) 

Subgénero: Folk

Mejor Canción: It Ain't Me Babe o Chimes Of Freedom

Canciones: 1) All I Really Want To Do; 2) Black Crow Blues; 3) Spanish Harlem Incident; 4) Chimes Of Freedom; 5) I Shall Be Free No. 10; 6) To Ramona; 7) Motorpsycho Nitemare; 8) My Back Pages; 9) I Don't Believe You (She Acts Like We Never Have Met); 10) Ballad In Plain D; 11) It Ain't Me Babe.

 

Originalmente tenía pensado irme directo al Bringing It All Back Home, pero éste álbum es demasiado relevante como para saltármelo. Así que pronto llegaremos al Dylan eléctrico y los gritos de Judas, pero aún no. Pero porqué es tan importante, si incluso tiene menor calificación que el Freewheelin’, y no es algo que diga yo, sino la mayoría de críticos y reseñas? Cierto, no fue el álbum de mayor impacto de entre los primeros 4 discos acústicos de Bob, el segundo álbum es mejor musicalmente y sigue hoy en día teniendo un gran impacto cultural. La cuestión es que el Another Side of Bob Dylan tiene un título casi genérico, pero que no podría ser más acertado: Líricamente, en incluso en cuestión de melodías, Dylan da pasos gigantes. Se empieza a alejar de las canciones Folk de protesta de los discos previos para volcarse a temas más introspectivos, de tintes surreales, sin olvidarse de la poesía, pero de alguna forma se siente más personal. Es ciertamente una cara que no le habíamos visto. Y eso no les gustó a muchas personas. No llegarían al grado de lanzarle cosas en el escenario (aún), pero muchos puristas del Folk sintieron que Bob había perdido piso y se estaba alejando de los temas políticos que para ellos era lo importante. Dylan simplemente estaba medio harto de que lo llamara “portavoz de una Generación” y parte de ello es lo que grita en “It Ain’t Me”, disfrazada de canción de amor.

Otro punto son las melodías. Después de que el primer y tercer disco fueran tremendamente monótonos, aquí da un vuelco a temas más pegadizos, con canciones que al menos tienen identidad propia, ganchos, y un estilo más definido. El Another Side, es pues, un disco de transición, un puente para el Dylan electrificado que sorprendería al mundo menos de un año después. Pero la semilla está aquí. Es una especie de Rubber Soul, sin el cual no se puede entender el vuelco sónico y lírico que estaba por venir. Y hablando de los Fab Four, aún no se conocían, pero se puede suponer que ya se estaban influyendo mutuamente a estas alturas. Entre el Times They Are A’Changing y el lanzamiento de este disco, los Beatles habían barrido Estados Unidos en Febrero, y es una anécdota conocida que cuando Dylan escuchó por primera vez “I Wanna Hold Your Hand” casi salta del coche en el que iba, diciendo literalmente “Did you hear that?..that was fuckin' great! Oh man…” Así que la atención a la melodicidad muy posiblemente vino importada de Liverpool. Poco después los Beatles volarían a una gira en Francia donde Harrison compró el Freewheelin’ en edición francesa, llamado En Roue Libre, que debió en los 4 melenudos una impresión similar. Lennon pronto comenzaría a hacer tímidos intentos de temas más introspectivos que aparecerían por primera vez en el For Sale. 

Otra de las influencias fue Robert Johnson. Poco antes, John Hammond, director de Columbia, le había pasado a Dylan una maqueta que la disquera estaba por lanzar, llamado The King of Delta Blues. Bob jamás había escuchado hablar de Johnson, y al parecer, ninguno de sus amigos. Pero Hammond le aseguró que le volaría la mente, que era un Bluesman de los 30’s que apenas había dejado unas 20 canciones grabadas y que tenía que escucharlas. La autobiografía de Dylan, Chronicles: Volume One es una joya porque te sumerge en la cabeza de Bob, cambiando de tema y de línea temporal como se le va ocurriendo, en un mismo párrafo, y a veces en la misma línea. Es casi como escucharlo platicar, pero con una extraña poesía y metáforas increíbles. La cuestión es que en este disco habla casi de todo, desde su salida de Minnesota, sus accidentes en moto, el desorden en su casa con sus niños pequeños, el fastidio con la prensa y las expectativas de la gente, las obras de teatro Off Broadway que veía, los libros que leía en casas de sus amigos antes de darse cuenta de que podía costearse un departamento propio, detalles de su amistad con Woodie Guthrie, novias y esposas, y hasta sus mascotas. De todo, excepto de su propia música. Es a cuentagotas lo que dice, y si uno espera encontrar significados de canciones, detalles de sesiones de grabación, o algo parecido, es mejor buscar en otras fuentes. Pero el libro no deja de ser una absoluta joya, digna de un premio Nobel. El caso es que en un capítulo random, narra precisamente esa primera vez que escuchó a Robert Johnson. Le dedica unas 5 páginas. No pienso transcribir todo, pero hay líneas simplemente demasiado hermosas como para no compartirlas: “A lo largo de las semanas siguientes lo escuché repetidamente, una canción tras otra, sentado y mirando fijamente el tocadiscos. Siempre que lo hacía, me asaltaba la impresión de que un espectro, una aparición temible, se presentaba en la estancia. La economía de palabras de aquellas canciones era asombrosa. Johnson disimulaba la presencia de más de veinte intérpretes. Me concentré en cada canción preguntándome cómo lo hacía. Componerlas fue sin duda una tarea sumamente compleja. Cada tema parecía salir directamente de su boca y no de su memoria… El significado y sentimiento que entrañaban eran tan elementales, que ofrecían una perspectiva muy profunda de la composición. No es posible analizar con detenimiento cada momento. Johnson obvia tediosas descripciones en las que otros compositores de blues habrían centrado canciones enteras… Cabe plantearse si Johnson tocaba para un público futuro que sólo él podía ver… Es áspero, como la tierra quemada. No hay nada de bufonesco en él ni en sus letras. Yo también quería ser así”.

Sin duda algunas de estas ideas se podrían aplicar al mismo Dylan cuando alguien lo escucha por primera vez, y es también claro que en este disco busca replicar en cierta forma ese poder y magia, ese sonido crudo y afilado de la guitarra, pero a la vez sublime y delicado. Este impacto de Johnson en Dylan se volvería extensivo una vez que The King Of Delta Blues fue publicado, cimbrando hasta la raíz a jovencísimos Eric Clapton, Jimmy Page o Jimmi Hendrix, y una generación entera de guitarristas que se forjaron intentando descifrar los sonidos de Robert Johnson. Bob Dylan sería de los primeros en escuchar la grabación antes de salir al mercado, y por ende, de absorber esa poderosa influencia.

 Regresando al Another Side of Bob Dylan, el álbum fue grabado en una sola sesión en el Estudia A de Columnia en Nueva York el 9 de Junio de 1964. Dylan llegó con su guitarra, su armónica, sus nuevas influencias y un montón de canciones nuevas, y grabó todo el disco de una sentada. La leyenda cuenta que quedaron varias botellas vacías de Boujeais tras las grabación, pero lo cierto es que incluso se dio el lujo de descartar “Mr. Tambourine Man” que saldría en el siguiente disco, “Denise Denise”, y “Mama, You’ve Been In My Mind”. Por ello quizá hay pequeños errores o detalles que quedaron en la grabación, como la parte en que se apenas contiene la risa al final de “All I Really Want To Do”. Errores que le dan frescura, humanidad y vida, a diferencia de las grabaciones hiperperfeccionistas de hoy en día con acabados de IA (cof cof, Suno, te estoy hablando a tí).

Finalmente, un tema que impactó sin duda el mood del disco, aunque no musicalmente, fue su ruptura con Suze Rotolo. En la autobiografía, insisto, va cambiando de tema constantemente, pero sus recuerdos con Suze emergen constantemente. No sé si fue el amor de su vida, pero sin duda fue uno que lo marcó de manera muy profunda. Para inicios del ’64 la relación ya venía desgastada por las giras de Bob y un viaje de meses que ella hizo a Italia. Cuando regresó, se encontró con que Bob tenía un romance con la mismísima Joan Baez, que derivó en una fuerte pelea frente a la hermana de Suze, Carla, a quien acusaba de inmiscuirse y ser un parásito. Esa pelea fue el fin de la relación. En 1966, Bob admitiría que el rompimiento con Suze lo dejó devastado por meses.

 

El disco arranca con con “All I Really Want To Do”, un temita alegre, con una guitarra sencilla que va haciendo escalas descendientes rasgueadas con ocasionales quiebres de armónica entre los coros y versos. Y sí, la fórmula se repite durante 4 minutos, pero no suena cansina en absoluto. De entrada, brinca una melodía que roba protagonismo. Va igualmente en escala descendiente, pero es pegajosísima, y contrasta con el estribillo “All IIIIII reallyYYY wanna doOOOOOOOOOOO is, baby, be friends with you”, haciendo un curioso fasletto, que además funciona como el gancho principal de la canción. La letra también muestra un quiebre desde este primer track. Ya no hay señalamientos sociales furiosos tomados de notas de periódicos. Aquí básicamente Bob dice que no quiere pleito con nadie, no quiere juzgar ni ser juzgado, solo ser amigo, y entre líneas es una declaración de principios, una petición (casi un ruego) de que tampoco se le juzgue, adelantando junto con el título del álbum, que esto es una ruptura con los temas sociales clásicos y con su rol de “Portavoz Generacional”. Solo quiere hacer canciones sin mayor pretensión. Me recuerda un poco a “Debo Partirme En Dos” de Silvio. En un par de ocasiones parece aguantarse la risa, sobre todo al final parece a punto de que le gane la carcajada, y dejar ese detalle le da mayor frescura. Un buen arranque, melódico, y que deja ver por dónde va la cosa.

 

“Black Crow Blues” es un tema rarísimo en el catálogo temprano de Dylan, al ser de los pocos donde no domina la guitarra acústica, sino en piano, que toca él mismo. Suena a pianola vieja, de cantina, con un eco distante y remoto. No usa demasiados acordes, pero sorprende al mostrar buen manejo de las teclas. Al 1.38 hace un recorrido de grave a agudos por todo el teclado, y al 2:15 incluso hace una especie de solo, intercalado con el de armónica. Como su nombre indica, es un blues con dos versos iguales y uno de remate. Líricamente, se nota ya aquí la influencia de Robert Johnson, y guiños a su reciente ruptura: “Wishing my long-lost lover, Would walk to me and talk to me, tell me what it's all about”. Un blues genérico, con la salvedad de que es tocado por Bob Dylan en un piano. No es el tema más brillante, pero dura poco más de 3 minutos, por lo que tampoco resulta cansino.

Sigue “Spanish Harlem Incident”, donde volvemos al cálido rasgueo acústico. De nuevo tenemos una gran melodía vocal, en el que los estribillos le exigen llegar casi al tope de su registro sin hacer falsetto, y en ocasiones se escucha que casi se rompe. La letra es una especie de carta de amor. Un ruego? “I am homeless, come and take me” Acaso un último intento de que Suze lo perdonara. El segundo verso logra imágenes maravillosas. Ciertamente no habíamos escuchado a un Dylan tan vulnerable. Si les suena de algún otro lado, probablemente sea de la versión que hicieron The Byrds en su primer álbum, y que sería de las primeras pruebas de que Dylan suena mejor en voces ajenasa, y de que empezaba a hacer melodías mucho más fuertes, solo que aquí aún suenan muy desnudas a pura guitarra y armónica.

“Chimes Of Freedom” es de los puntos fuertes del álbum. La canción tuvo su origen en “Lay Down Your Weary Tune” de Witmark & Sons, que fue un descarte del The Times They Are A-Changing. La versión de “Lay Down…” que Dylan grabó no vería la luz hasta 1985. Volviendo a “Chymes”, Bob da estructura de guitarra con un guitarreo incisivo, como de mandolina, pero que se siente gentil, mientras va soltando bajeos marcando el tiempo.  Es lo más cercano del disco al Dylan Folk de protesta, además de ser un tema épico de más de 7 minutos, que para la época era una eternidad. A finales del ’63 Dylan empezaría a escribir un libro, que no terminaría hasta mucho después. Pero uno de los fragmentos de poesía dedicada a John F. Kennedy tras su asesinato lo inspiraría a reescribir las letras que terminarían siendo “Chymes Of Freedom”. Bob canta en un tono cálido y esperanzador. La letra en cambio tiene una melancólica poesía, cargada de imágenes frías: viento, llovizna. Granizo, que significa la desesperanza. Pero cada verso también recurre a las imágenes que evocan a las campanadas, que reflejan la esperanza. Bob básicamente le canta a los desamparados, a aquéllos a los que el sistema ignora sistemáticamente, asegurando que siempre habrán poderosos ecos que cambiarán las cosas. Los Byrds también harían una versión muy a sus estilo, con armonías, guitarras de 12 cuerdas y todo, pero cortándola a más de la mitad, con lo que se corta mucho de su impacto.

“I Shall Be Free No. 10” es un tema con melodía rara. Casi inexistente. Casi cabría mejor en el The Times They Are A-Changing. Básicamente es un blues hablado, con versos medio masticados, seguidos con un quiebre de armónica. La letra es… no se si cómica o irónica? Con versos como “I was shadow boxing early in the day, I figured I was ready for Cassius Clay”. De repente no sé si nos perdemos un poco con referencias a personas o hechos muy locales o dichos que se pierden en la traducción. Hay quien la encuentra hilarante. Yo un mal día la podría marcar en azul, ya que sin duda es la más débil del disco.

Continuamos con “To Ramona”, una preciosa balada de desamor con una sencilla guitarra, una melodía delicada y melancólica, y una voz cargada de sentimiento como pocas veces, que deja entrever que le duele en verdad cantar. Una Canción para Suze? La letra le sugiere a la chica hacer lo que tenga que hacer, una posible despedida, lo que sea mejor para ella, sin mirar atrás y sin escuchar consejos. Incluso si eso representa separarse definitivamente del narrador/cantante. Tiene versos hermosísimos como:

 

“But it grieves my heart, love
To see you tryin' to be a part of
A world that just don't exist
It's all just a dream, babe
A vacuum, a scheme, babe
That sucks you into feelin' like this”

 

Joan Baez afirmaría después que Dylan solía llamarla Ramona (échale más sal a la herida). Pero tanto la profundidad del poema, así como la dolida voz, hacen pensar que no fue para un amor pasajero como el de Baez, sino a uno que dejó una huella más profunda, como el de Rotolo. La canción cierra con un verso tremendo, en el que el narrador reconoce que algún día él mismo puede no seguir sus propios consejos:

 

Just do what you think you should do
And someday maybe
Who knows, baby
I'll come and be cryin' to you.

Un tema bellísimo, con gran carga de melancolía

 

Después viene “Motorpsycho Nitemare”, otro tema cómico, de tintes country, con una melodía pegadiza.  La letra habla sobre un tipo que llega a una granja, y su dueño sale a recibirlo con una escopeta apuntándole a las pelotas. Lo deja pasar la noche bajo la estufa con la condición de que no volteé a ver siquiera a su hija Rita y que ordeñe a las vacas por la mañana. Por la noche, Rita intenta seducirlo, pero temeroso de la escopeta del padre, el narrador intenta sacársela de encima diciendo que le gusta la barba de Fidel Castro. Ella se va ofendida, pero el padre lo alcanza a escuchar y empieza a dispararle al creérlo comunista. La letra es un sinsentido, pero divertidísimo. Supongo que los que entienden “I Shall Be Free No. 10” le tienen un aprecio similar.

“My Back Pages”, otra balada de gran manufactura, con una melodía de vaivén con un simple rasgueo de guitarra. Fue la última en ser grabada en esa única sesión, a la 1:30 de la mañana. La letra es un intrincado poema sobre los ideales de la juventud. Al parecer hay gente que la toma como un himno pretencioso de alguien que maduró muchísimo en apenas 3 años y ahora ve su vida en retrospectiva y dice “Ah, que iluso era cuando era joven!” Caray, pero si apenas tienes 23 años!! En cualquier caso, la frase gancho con que remata cada estrofa, “Ah, but I was so much older then, I’m younger than that now”, ciertamente puede ser pretensiosa, pero se convertiría en una de las frases insignia no sólo del disco, sino de la era temprana de Dylan. Los Byrds harían también su cover, ésta vez en el Younger Than Yesterday, que, ahora me doy cuenta, tomó el título de esta frase con una ligera modificación. La canción es bella, con una gentil melodía semilenta, que da una sensación circular, rematada con esa frase, pero no llega a resultar enfadosa a pesar de durar casi 4:20. Letras cada vez más crípticas, pero llenas de preciosas imágenes., Cierto, Dylan no está haciendo canciones de protesta sobre temas específicos y locales, sino himnos cada vez más expansivos, que pronto se volverían universales y atemporales. Y este es un primer paso.  

 

Seguimos con “I Don't Believe You (She Acts Like We Never Have Met)”, un temita cuasi country, con una melodía muy pegajosa. Los versos llevan un ritmo machacón, con la guitarra espejeando la voz, y ya después los estribillos se vuelven más fluidos, haciendo una figura vocal muy parecido a lo que está a punto de hacer en “It Ain’t Me”, elevando la tensión con ese agudo y regresando de golpe a la melodía base. En cualquier caso funciona mejor en “It Ain’t Me”. La letra es de nuevo sobre ruptura, esta vez de manera más incisiva, sin tanta poesía y con más reproches:

“If she ain’t feelin’ well
Then why don’t she tell
’Stead of turnin’ her back t’ my face?
Without any doubt
She seems too far out
For me t’ return t’ her chase”

 

A mitad de la canción, nuevamente podemos oír que casi le gana la risa. Esos momentos se agradecen en estos momentos en que la música es tan perfecta, producida y llena de IA, que ya el factor humano es un mero detalle.

 

“Ballad In Plain D” es un tema más pausado, con una melodía gentil. El rumor es que está basada en una vieja canción escocesa y simplemente le cambió las letras. Bueno en el Folk, muchas cosas eran recicladas. El disfraz de bella canción contrasta con las letras casi feroces que son lo que importan. Inicia narrando el inicio de una relación con una chica con piel como bronce. La chica tiene una hermana, pero se enamoró de la menor, la más creativa, y describe a la mayor como un parásito del cual no puede tener respeto. Posteriormente narra esa última discusión, que más que ser con Suze, fue con Carla, su hermana, con quien llegaron a los gritos, mientras Suze miraba como niña pequeña. Pocas veces veremos a Mr. Zimmerman contar algo tan personal, reconocer con todas sus letras que hizo algo que no tiene perdón:

“The wind knocks my window, the room it is wet
The words to say I’m sorry, I haven’t found yet
I think of her often and hope whoever she’s met
Will be fully aware of how precious she is”

En algún punto, de la canción hay algún acorde en falso que corrige casi de inmediato, otro detalle mínimo que muestra que no tiene caso buscar la perfección en una toma. Es una canción en apariencia simple, pero no sé si volveremos a oír a Bob abriendo su alma de esta manera. Después reconocería que quizá no la debió haber publicado.

 

El disco Cierra con “It Ain’t Me Babe”, uno de esos temas gigantes que no pueden faltar en los recopilatorios. Un guitarreo alegre, una melodía vocal fuerte y pegadiza, y una letra de antología, con doble filo. Evidentemente es otro tema de rompimiento, dedicada a Suze, pero con doble intención. Y es que le habla a la chica diciendo que no es el caballero de armadura que la salvará del dragón que ella busca. El tema de los ideales en una relación, en el que una mujer tiene la esperanza de que va a cambiar a su hombre, mientras que el hombre tiene la esperanza de que la mujer nunca va a cambiar… Las letras son simplemente increíbles, y no me atrevo a escoger algún verso en particular. La jiribilla viene con el doble sentido, al ser un recordatorio a sus fans de que no es ningún mesías, no es ningún portavoz de ninguna generación, es un simple tipo de 23 años con el corazón roto que simplemente busca cantar: “It ain't me you're lookin' for, babe”. Los Byrds no le harían cover, pero en 2015 Joaquín Sabina haría una excelsa versión en español, “Ese No Soy Yo”, reescribiendo la letra, pero quitándole ese doble filo. En cualquier caso, “It Ain’t Me Babe” sería el tema icónico de este disco, y la mejor junto con “Chimes of Freedom”.

 

En fin, es un disco aún acústico, con fuertes bases Folk, pero Bob Dylan ya comienza a tomar distancia de su propia leyenda, buscando hacer lo que quiere, no lo que la gente espera de él. Porqué diablos voy a hacer un disco sobre injusticia social si ahora mismo tengo el corazón en pedazos y quiero cantar sobre eso? La gente quizá no lo entendió en su momento, y si bien no hubo reproches al nivel de 1965, si hubo cierta molestia de los fans. Pero este paso era necesario, como dije, un puente. No puedes hacer un Freeheelin´ I, II y III. Para 1964, sólo los Beatles y Bob Dylan tenían claro que debían empezar a modificar su sonido con cada disco si querían trascender. El Big Bang vino unos 20 días después del lanzamiento de este álbum, cuando Los Beatles y Bob se conocieron en persona en el hotel Delmonico de Nueva York, causando quizá la más grande revolución musical de la primera parte de los 60’s. De esa habitación de hotel, llena de humo de marihuana, saldría Lennon decidido a hacer letras más profundas y a redefinir su sonido, mientras que Bob regresó a su apartamento y conectó su guitarra eléctrica. Pero esa es otra historia.  

 

Por Corvan

9/Jun/2026

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