
HACKNEY DIAMONDS (The Rolling Stones, 2023)
Artista: The Rolling Stones (A)
Fecha de Grabación: Febrero 2019-Enero 2023
Fecha de Lanzamiento: 120 de Octubre del 2023. UK
Discográfica: Polydor
Productor: The Glimmer Twins, Don Was y Andre Watt
Calificación: 8
Era: Blues, Hard Rock y Raíces
Subgénero: La Gran Transición
Mejor Canción: Seet Sounds Of Heaven o Angry
Canciones:1) Angry; 2) Get Close; 3) Depending On You; 4) Bite My Head Off; 5) Whole New World; 6) Dreamy Skies; 7) Mess It Up; 8) Live By The Sword; 9) Driving Me Too Hard; 10) Tell Me Straight; 11) Sweet Sonds Of Heaven (Feat. Lady Gaga); 12) Rolling Stone Blues.
El Hackney Diamonds del 2023, llegó después de 18 años sin un álbum de estudio con material original de Sus Satánicas Majestades, tomando en cuenta A Bigger Bang del 2005. En medio quedó Blue & Lonesome (2016), un regreso a las raíces bluseras que funcionó como recordatorio de las raíces musicales de la banda, pero que difícilmente podemos considerado como parte del catálogo del grupo. Aquí los Stones vuelven a las composiciones propias y lo hacen con una producción moderna (quizá demasiado), una lista de invitados que parecía improbable y, sobre todo, unas pelotas que ya quisieran bandas 40 años más jóvenes.
Me parece admirable en que los Rolling Stones sigan publicando discos de estudio después de más de seis décadas de carrera. No porque Mick, Keith y Ronnie todavía tengan algo que demostrar, ni porque debamos celebrar con bombo y platillo cualquier lanzamiento de una banda legendaria como si estuviéramos frente a un acontecimiento histórico, sino porque el simple hecho de que todavía tengan ganas de hacer Rock and Roll merece reconocimiento. Sobre todo en una época en la que el género ha perdido el protagonismo que tuvo para convertirse en nicho. Hace ya 10 años los vi en el Olé Tour, y todo mundo juraba que sería su última gira. Pero bueno, eso se viene diciendo desde 1972…
Les voy a ser sincero, mi idea era reseñar el Foreign Tongues, siendo un disco de este 2026. Peeeero, creo que el disco es una especie de hermano gemelo más afilado del Hackney Diamonds, y vale la pena empezar por éste, ya que se complementan en muchos sentidos (y en cierta forma con varias cosas que comenté en el Boys Of Dungeon Lane de Paul). No se preocupen, no tendrán que esperar mucho para el Foreign Tongues.
Tras el Blue and Lonesome del 2016, que trae puros covers de Blues, los Stones habían estado masticando la idea de un nuevo disco con temas originales, pero las sesiones nomás no cuajaban. En 2020 intentaron darle más formalidad, pero se les atravesó la pandemia. En 2021 volvieron a intentar retomar el trabajo, y de aquí fue donde quedaron los tracks de batería de Charlie, pero nuevamente no quedó nada en concreto. En 2022, Paul McCartney les sugirió trabajar con Andrew Watt como productor (una vendetta por la recomendación de Allen Klein?, jajaja), quien finalmente los puso a trabajar en serio a inicios del 2023. Y la consistencia del disco quizá venga de años de canciones acumuladas, de las que se pudieron dar el lujo de seleccionar las mejores, además de darse el tiempo de arreglarlas sin prisas.
Con el último disco de McCartney, comentaba que es difícil reseñar discos recién salidos del horno. En este caso, ya ha pasado algún tiempo, pero igual no sé qué tan objetivo puedo ser. La cosa es que me gusta, y ha ido creciendo con las escuchas. Al igual que Paul, creo que los Stones tuvieron un bajón dramático desde el Tatoo You del ’81, del que no saldrían hasta el Vodoo Lounge, que a mi me parece un discazo, y en Bridges to Babylon. En el Bigger Band ya sonaban más como una copia de sí mismos. Aquí creo que retoman la energía y espontaneidad. Sí, por momentos también parece que se esfuerzan un poco en sonar a sí mismos, y parece que Andrew Watt los empuja a la vez a sonar modernos, pero en general, creo que no sonaban tan bien dese el ’97 o ‘94.
Y al igual que con Paul, es difícil saber si los estás comparando contra sí mismos o contra esa especie de vacío en el Rock actual. En cualquier caso, es una bocanada de aire fresco escuchar esas guitarras chisporroteantes y esa actitud pateatraseros que hace tanto no se les sentía. Y lo sorprendente es que no tuvimos que esperar otros 18 años a que los Glimmer Twins tuvieran casi 100 para sacar otro álbum!
Escuchándolo junto al Foreign Tongues, Hackney Diamonds adquiere otra dimensión. Ambos trabajos pueden entenderse casi como discos gemelos: comparten una personalidad sonora, una producción moderna y la intención de recuperar distintas facetas de la identidad de la banda. Creo que el Foreign Tongues es ligeramente superior, pero los dos pertenecen a la misma etapa creativa, como si estuviéramos escuchando diferentes capítulos de una misma sesión extendida. El Foreign Tongues da una especie de continuidad en cuanto al sonido, estilo y producción, pero ya hablaremos de él.
Por otro lado, es el primer disco sin Charlie Watts, que murió el martes 24 de Agosto del 2021, a los 80 años. Charlie ya había abandonado la gira por problemas de salud (la primera vez que se perdía conciertos de los Stones desde 1963), dejando de reemplazo al batería Steve Jordan, que era parte del grupo solista de Keith, y en quien Charlie confiaba para tocar en vivo mientras se recuperaba. El caso, es que desgraciadamente, no lo hizo. No se dio a conocer la razón oficial de su muerte. Al enterarme de la noticia recuerdo que sentí un mazazo. Charlie no acaparaba reflectores, pero fue parte vital del sonido de los Stones, y de inmediato numerosos bateristas y bandas lo reconocieron como uno de los grandes, de ésos cuya firma es “menos es más”. Alguien dijo (aunque es una frase vieja) que admiraba a Watts porque era el único baterista del mundo capaz de mantener en control a Keith Richards. Los viejos dioses se están muriendo…
Steve Jordan se mantendría al mando de las baquetas en las sesiones de este disco, pero sin ser un Stone oficial, igual que Darryl Jones en el bajo desde 1994. La banda usaría grabaciones de Charlie para un par de pistas a manera de tributo. En una de ellas, también regresa Bill Wyman, por lo que, por un breve instante, tenemos a la alineación de cuarteto de los Rolling Stones de 1969, antes de que se incorporara Mick Taylor. Pero también tienen otros flamantes invitados en el álbum: Elton John, Stevie Wonder, Lady Gaga y el mismísimo Paul McCartney!
El resultado es un buen disco de rock, con varios momentos sobresalientes y algunos temas menos memorables. Sin embargo, poniendo las cosas en perspectiva, estamos hablando de una agrupación que durante los 60’s y 70’s publicó algunos de los álbumes más importantes de la historia del rock y que todavía en los 90’s consiguió entregar trabajos muy sólidos y acordes a la época. A esa altura de su carrera, los Stones aún podían combinar oficio, personalidad y cierta ambición por explorar nuevos caminos. Hackney Diamonds no alcanza ese nivel, pero tampoco es un producto que viva exclusivamente de la reputación del grupo. Es un trabajo que quizá brilla más por el tiempo en que sale. No es una joya como muchas reseñas lo llaman, pero no es malo en absoluto.
De hecho, lo mejor del álbum es que suena a una banda de rock que todavía quiere tocar rock. Hay riffs, baterías contundentes, guitarras chisporroteantes que se responden unas a otras y un Mick Jagger que no sé de dónde saca tanta energía (De Keith sí que sabemos – blink blink). No suenan a una banda cansada con el compromiso de lanzar un disco como el Dirty Works o Steel Wheels. Tampoco estamos ante un nuevo Sticky Fingers ni ante una obra que vaya a cambiar un ápice el status de los Stones, pero sí ante un disco que nos recuerda por qué los Stones han sobrevivido tanto tiempo llamándose La Banda de Rock Más Grande Del Mundo sin que nadie se los reclame.
El disco abre con una de las mejores rolas. “Angry” es un tema duro y directo, construido alrededor de un riff con bastante personalidad (aunque con cierta reminiscencia a “Start Me Up”) una base rítmica firme y un estribillo que busca pegarse en la cabeza como chicle con ese remate “Don’t Get Angry With Me!” que todos hemos dicho alguna vez a nuestra media naranja. Los Stones suenan sueltos, en su ambiente, con esa combinación de arrogancia, ritmo y melodía que han sabido explotar por los siglos de los siglos, amén. La interpretación de Jagger tiene el descaro necesario para lucir fresca y con su peculiar dosis de veneno. Por otro lado, la producción de Andrew Watt le da un sonido actual, que no sé si me encanta. Las guitarras chirrían y Ronnie y Keith muestran enorme química con el diálogo que se mandan, además de un buen solo al minuto 2, que va creciendo con los coros para un cierre apoteósico. La rola sería el sencillo punta de lanza, y cumplió su cometido creando bastantes expectativas. No es una de sus composiciones históricas, pero sí una manera muy enérgica de arrancar el álbum. El video, por cierto, es una joya, por diversas razones.
“Get Close” es un tema más melódico, una especie de balada a medio tiempo con una interpretación vocal que conserva el carácter provocador de Mick. Aquí tenemos a Elton John al piano, añadiendo movimiento y una dosis de boogie que encaja bien con la canción, aunque me parece demasiado discreto y desperdiciado. La conexión surgió porque Watt también le estaba produciendo disco a Elton y pues una cosa llevó a la otra y así. La canción es agradable, melódica, sin explotar del todo, y tiene un solo de sax que también parece un guiño a Bobby Keys, eterno saxofonista de los Stones que murió en 2014.
Después de la energía inicial viene “Depending on You”. Ésta ya es una balada en forma, una canción de desamor con una estructura simple, e incluso un poco melosa. Jagger logra mostrar una vulnerabilidad distinta de su habitual arrogancia rockera. Entran pianos, slides, órganos, y va en un lento crescendo, hasta terminar con arreglos de cuerdas y coros de voces. El estribillo es lindo. Recuerda que los Stones nunca fueron únicamente una banda de riffs y actitud sino que han sabido incorporar baladas, country, soul y otros estilos. Sin embargo, la canción tampoco termina de alcanzar el nivel de sus mejores composiciones lentas. Pareciera que quisieran rehacer “You Can’t Always Get”. Es agradable y está bien construida, aunque su melodía no tiene la fuerza suficiente para ponerla entre los puntos fuertes del álbum.
Ahora vienen los Stones más deslenguados y descarados. “Bite My Head Off” es una descarga de punk rock con una actitud deliberadamente insolente y una base instrumental que parece diseñada para sonar a todo volumen. No soy fan de sus temas Punk, pero el riff es sencillo y fuerte, la interpretación es agresiva y la canción encuentra su mayor virtud en esa sensación de urgencia que atraviesa todo el tema. Además aquí tenemos a Paul McCartney en el bajo, lo que le añade un atractivo histórico. Un Beatle tocando con los Stones. Recuerdo cuando recién murió Charlie que había memes diciendo que a los Stones les faltaba baterista y bajista, y que a los Beatles sólo les quedaba baterista y bajista. Bueno, una colaboración incluyendo a Ringo creo que hubiera sido mucho pedir. Lo importante es que tenemos a McCartney como bajista; y si bien se integra en el sonido de la banda creo también que lo hace discretamente, sin tratar de robar muchos reflectores (El riff no da para más), pero se cuelga un minisolo de bajo con la distorsión a todo al 2:15, recordando de lejos al sonido del bajo en “Think For Yourself”, tras lo cual viene el incisivo solo de Keith. La leyenda dice que en cuanto terminaron la toma, Paul exclamó “I just played fucking bass with the Stones – and I'm a fucking Beatle". En fin, la canción funciona precisamente porque no se preocupa demasiado por la sofisticación. Es una canción divertida, potente y con una actitud que muchas bandas jóvenes podrían envidiar. Si “Angry” abre la puerta, este tema confirma que el disco tiene una buena reserva de combustible, y funciona por ello, no sólo por la participación de Macca.
“Whole Wide World” mantiene el impulso con guitarras incisivas y un ritmo que recuerda la faceta más acelerada de los Stones. Tiene un buen riff, que suena moderno por esa pizca de phaser, me parece. Tiene una estructura que no se complica y un estribillo pegadizo que busca mantener el movimiento. El problema es que, se siente como un “Streets Of Love” con esteroides. La canción me gusta, tiene un solo asesino, mucha melodía, un buen apagón al 2:35, pero sí recuerda mucho la balada del 2005 y empieza a notarse que el álbum tiene una paleta relativamente limitada. De no ser por esto, la marcaría en rojo, pero sigue siendo de los puntos altos.
“Dreamy Skies” es uno de los momentos más tranquilos del disco. La canción se acerca al country y a la tradición acústica rural estadounidense, con una atmósfera relajada y ensoñadora gracias a los dulces slides. Además Mick incorpora la armónica, reforzando esa aura campirana. La pausa tiene sentido, ya lo dice en el mismo estribillo. La atmósfera es agradable, pero la melodía carece del gancho y fuerza necesarios para convertir el tema en una pausa verdaderamente memorable. Salvo los dulces juegos de guitarras, la canción no termina de justificar su duración, de casi 5 minutos, y también se siente como algo que ya escuchamos en el Voodoo Lounge. Se agradece el cambio de tiempo, pero el resultado se siente flojo y termina siendo un tema cansino y excesivamente largo.
Luego viene “Mess It Up”, que recupera el movimiento con una base rítmica más bailable y un aire cercano al funk. La mano de Watt se nota con ese inicio casi en off en que parecieran estar ensayando y el productor les gritara, “ya estamos grabando”, para que entren de lleno en el ritmo. Un tema bailable, que no sé si recuerda demasiado a “Miss You” por ese bajo disco en octavas. La canción tiene además un valor sentimental, pues incluye la batería de Charlie Watts, grabada en las sesiones antes de su muerte en 2021. No es mala, y no suena a los Stones tratando de sonar a los Stones del ’78 con música disco. Suena a que están tratando demasiado en hacer un tema bailable para el público joven del 2023. Imagino que en el ’78 recibirían críticas semejantes y “Miss You” terminó convirtiéndose en un clasicazo infaltable en conciertos, pero, sin ser malo, no me parece que este tema vaya a envejecer tan bien.
“Live By The Sword” es otro de los temas que conectan el presente con el pasado. La batería de Charlie Watts vuelve a aparecer, y ésta vez Bill Wyman, bajista original de la banda, participa en una grabación de los Stones por primera vez en más de 30 años. Elton John aporta nuevamente el piano, con un estilo que encaja perfectamente con el carácter rockero de la canción, y esta vez luciendo un poco más, aunque hubiera sido genial que el solo de guitarra al 1:40 fuera más un diálogo con el piano. Musicalmente, el tema es básicamente un rock and roll clásico, con piano, ritmo marcado y una interpretación vocal que no necesita demasiadas vueltas. No es una joya, pero logra funcionar como uno de los momentos altos de la segunda mitad del disco y la nostalgia juega a favor, al tener a la sección rítmica original de la banda, que se extraña horrores.
“Driving Me Too Hard” es otra canción de medio tiempo que apuesta por la melodía y por una estructura... cómo decirlo? Ah sí: genérica. Tiene ese carácter de rock clásico que los Stones han perfeccionado durante décadas, con un ambiente relajado, estribillo pegajoso, guitarras que resaltan. La cuestión es que, resulta difícil no notar cierta repetición de recursos y no es precisamente memorable, igual en mood a las rolas de relleno del Babylon para acá. En cualquier caso, es un temita competente y disfrutable.
Keith Richards toma el micrófono en “Tell Me Straight”, una balada introspectiva que contrasta con los demás temas rockeros. Su voz áspera y cansada resulta apropiada para un tema que parece mirar hacia el futuro con una mezcla de incertidumbre y resignación. La cosa es que, bueno adoro a Keith, “Happy” es de los puntos fuertes de la discografía entera de los Stones, pero en general, con algunas excepciones (como “Thru and Thru”, las canciones que canta, se sienten todas como baladas lentas de resignación. Y no son muy memorables. Se siente como la rola que los Beatles le daban a Ringo para que cantara: algún relleno inofensivo. En mi opinión, es uno de los puntos más débiles del álbum. La canción tiene una atmósfera interesante, pero no consigue desarrollar una melodía o una progresión que la haga crecer. La voz de Richards tiene personalidad, aunque no basta para convertirla en una composición memorable.
Y entonces llega el gran momento del álbum. “Sweet Sounds of Heaven” es una pieza extensa de 7:22, con bases soul y góspel. Los Stones abandonan por un momento el formato de Rock y se toman su tiempo para construir algo con más desarrollo emocional, en un lento crescendo, que inicia en un diálogo muy mono entre guitarra y piano, a cargo de Stevie Wonder. Mick inicia con personalidad, una melodía lenta y envolvente, hipnótica, mientras la instrumentación va creciendo de a poco. Lady Gaga entra hasta el minuto 2, casi tímidamente, dialogando con el Sr. Jagger. Poco a poco las respuestas de ella se van haciendo más contundentes, hasta que al 2:30 ya están haciendo un duelo épico que no para de crecer. Lady Gaga no se limita a realizar una aparición decorativa, aporta una intensidad que crece conforme avanza el tema. Wonder, por su parte, proporciona una base armónica que ayuda a construir esa atmósfera espiritual al cambiar el piano por el órgano para acentuar el aire góspel. Al 4:22 tenemos un puente instrumental con metales y arreglos de guitarra. Al 5:10 parece que va a acabar, e incluso se escucha a Gaga riendo satisfecha. Pero pareciera que dejan correr las cintas y dicen, no, vamos a palomear un poco más. Wonder deja caer notas del piano eléctrico, y Mick y Lady Gaga retoman ese duelo, hasta que ella termina robándose enteramente la majestuosa coda. Uno pensaría que usaron una colaboración con Gaga para atraer otro tipo de público, pero la canción se siente orgánica y majestuosa, no algo prefabricado. Si, también recuerda a Merry Clayton en “Gimme Shelter”, pero creo que esta vez la remembranza es más que positiva. Jagger demuestra que su voz todavía puede sostener una interpretación apasionada, mientras la banda le da espacio a la canción para crecer sin apresurarla. Este es el momento en el que el álbum alcanza su mayor dimensión musical y emocional, y también una demostración de que los Stones todavía pueden sorprender cuando se permiten salir de su zona más previsible.
El álbum cierra con “Rolling Stone Blues”, una versión de Muddy Waters que regresa directamente a las raíces del grupo. Después de las colaboraciones y de la producción más elaborada de otros temas, la canción ofrece un final más bien austero, con el blues en primer plano y una interpretación que no necesita grandes arreglos. De hecho, es bastante fiel a la versión original de Muddy, incluso con producción algo pantanosa, y Keith haciendo arreglos MUY parecidos, y Mick también impostando esa voz negra, sobre todo en los “well”. Es un guiño al origen de su nombre, o a Brian Jones, quien lo escogió precisamente al ver el título de la canción en un disco cuando iban a dar una entrevista? Creo que la elección para cerrar el álbum es muy simbólica: Terminar el álbum con una versión de este tipo es una manera de cerrar el círculo: después de más de sesenta años, la banda sigue encontrando una razón para volver al lenguaje que los inspiró en un principio. No es un cierre especialmente demoledor, pero sí coherente. Más que intentar competir con el despliegue de “Sweet Sounds of Heaven”, el tema funciona como una despedida sencilla y directa. Quizá entonces ni ellos sabían sí este era el final de su discografía, lo cual habría sido MUY simbólico.
En fin, cuando salió este disco hace 3 años corría el chiste de que lo mejor del disco era Sydney Sweeney. Ja! – estrellita en la frente para el que entendió. Ya en serio, el Hackney Diamonds es un buen álbum de los Rolling Stones. No es una obra maestra tardía, ni un disco que deba ponerse en el mismo pedestal que sus discos producidos por Jimmy Miller. Tampoco me parece que alcance la consistencia de los mejores momentos de su etapa noventera, cuando todavía podían combinar la experiencia con una mayor sensación de exploración y riesgo (un rap a media canción y que funcione bien?). Pero sería injusto reducirlo a que es bueno por una simple cuestión de nostalgia. Es cierto que no me convence la producción de Watt, aunque no puedo precisar exactamente por qué. Pero “Angry” y “Bite My Head Off” demuestran que la banda todavía puede sonar feroz y divertida, mientras que “Sweet Sounds of Heaven” ofrece uno de los momentos más inspirados de la banda en este siglo. Las canciones menos logradas impiden que el álbum mantenga ese nivel de principio a fin, pero en conjunto, el disco conserva suficiente personalidad para justificar escucharlo. Y disfrutarlo.
Y es importante considerar el contexto. Estamos en una época en la que el rock ya no es el género dominante como lo fue durante décadas. Escuchar a los Stones con estos temas es una bocanada de aire fresco en estos días. No porque absolutamente todo lo que hagan tenga que ser celebrado, sino porque todavía son capaces de hacer canciones que suenan vivas, con guitarras, garra, actitud y una identidad que no depende de los malditos algoritmos.
Por Corvan
13/Oct/2026
